Innisfree (Jose Luis Guerín, 1990)

Caratula de la película Innisfree de Jose Luis GuerínEn 1951 John Ford dirigió “El hombre tranquilo” en Irlanda, concretamente en Innisfree. La película tuvo varios Oscar y supuso un punto de inflexión en la carrera, ya de por sí importante, de su director. En el film un boxeador retirado por un accidente trágico, decide rehacer su vida en un tranquilo valle irlandés. El propio Ford, cuyos antecedentes eran irlandeses, quiso rodar parte del film en la casa de sus antepasados, algo que no pudo ser, aunque sí consiguió rodar en la zona.

40 años después un desconocido pero prometedor cineasta vuelve al lugar para retratar aquellos valles, a su gente y hacer buen cine. Jose Luis Guerín rodó su primer documental en un lugar húmedo, verde, en otro idioma diferente al suyo (y aún más complejo, ya que muchos de los entrevistados no hablan inglés, sino gaélico), pero da la sensación de sentirse a gusto, como en casa. Y es que el cine es la casa de Guerín. Su pasión por el celuloide y el medio audiovisual puede ser comparada con la de Ed Wood (distancias estéticas aparte).

El documental empieza con voces en off arrancadas del film de Ford, con escenas rodadas en las mismas localizaciones y llega a tal el fetichismo del cineasta que le permite poner una silla de director, con el nombre de Ford frente a las ruinas de la casa de sus antepasados, donde no pudo rodar. Es entonces cuando sé que ya jamás me podrá caer mal este chico. Pero el film no se trata solo de revisitar las localizaciones o las gentes que vivieron aquel rodaje, es una radiografía de una Irlanda extinta o en vías de extinción y de otra Irlanda que empieza a vivir. Las gentes mayores nos cuentan todo lo relacionado al rodaje, a las manías de John Wayne, a lo buena que estaba Maureen O´Hara… y los niños nos cuentan la peli.

Los planos de Innisfree respiran dentro de un todo romántico. Guerín sabe exactamente donde colocar la cámara en cada momento, sabe el lugar exacto de cada toma, de ahí su belleza formal y su efecto emotivo. Brillante la larga escena en la taberna donde vemos a los habitantes de Innisfree hablando, bebiendo, bailando y emborrachándose de verdad, sin dramatismos, hablando de la película, pero también de su historia, del IRA, con los ojos vidriosos antes de estallar en cánticos aderezados con violín y pintas de cerveza negra.

Un ejercicio soberbio de cine, uno de los primeros pasos de un cineasta que luego nos regaló joyas como “Tren de sombras” o “En construcción“. Un film a descubrir.


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