Cineclub (David Gilmour, 2008)
Y seguimos hablando de libros, y lo hacemos con una novela altamente recomendable, y no solamente para los amantes del cine, y es que Cineclub, la novela de David Gilmour (nada que ver con Pink Floyd) es un canto a la vida, una enseñanza sobre la educación paterno-filial y sobre el respeto. Y eso es precisamente el detonante de la historia; Gilmour, no sabe que hacer para que su hijo de 16 años le haga caso y cuando éste le dice que no va a ir al instituto, su padre, desesperado, le propone un trato: no irá al instituto si no quiere, y podrá seguir viviendo en casa a pensión completa, pero a cambio le tendrá que prometer que no probará ninguna droga y tendrá que ver tres películas elegidas por su padre, y tendrá que verlas con él, y hablar de ellas.
Lo bueno del libro es que ocurrió en verdad, y fue el propio escritor el padre desesperado que obligó a su hijo a aprender a vivir peli tras peli. Y es que ese cineclub acaba siendo mucho más que eso; hablan de muchas cosas, chicas, drogas, inseguridades…
No estoy seguro de que quiera yo una educación parecida para posibles hijos míos, pero me enternece la idea. Manhattan, Showgirls, La ley del silencio, Gigante y un largo etcétera, explicadas desenfadadamente y, en ocasiones, de manera muy arriesgada. Muy recomendable, de verdad.
Hoy toca hablar de libros, y qué mejor que con la Biblia de muchos cineastas. Y es que este recopilatorio de aforismos sobre el cine en particular y el arte en general, que Bresson regaló hace más de 30 años es de lectura obligada para todo aquel que quiera acercarse de manera un poco más profunda al 7º arte.
Una prueba indiscutible de que el vídeo digital ha hecho mucho daño al mundo del cine, hoy toca ser críticos, es que los cineastas-artistas ven una manera muy barata de alargar hasta el infinito y más allá sus guiones. Sin el vídeo digital Pedro Costa no hubiese contado los vericuetos del barrio de Fontainhas primero en 3 horas (No quarto de Vanda) y después en 150 minutos (Juventude em marcha), David Lynch no hubiese alargado la pesadilla (Inland empire) hasta las tres horas, ni
Que el título no confunda a nadie, esta no es la conocida, ni tiene que ver con Brian DePalma. Se trata de una pequeña película de la serie que, en los míticos 40, William Neill rodó junto a Basil Rathbone y Nigel Bruce sobre la figura de Sherlock Holmes, en las antípodas de esa especie de House macarra y guarreras que se ha sacado de la manga el ex de Madonna con un excéntrico Robert Downey Jr. Aquí Sherlock Holmes es un excesivamente tranquilo observador del entorno. Como tiene que ser.
Resulta enervante ver como las distribuidoras españolas juegan con el destino de ciertos productos más que notables con su manía de titular puerilmente dichas obras. Ya hemos hablado de “Paso de ti”, “Lío embarazoso”, “Supersalidos”, “Una guerra muy perra”, por otro lado un soplo de aire helado a la comedia americana, y siempre nos hemos lamentado de sus títulos españoles.
