Cineclub (David Gilmour, 2008)

Portada del libro Cineblub de David GilmourY seguimos hablando de libros, y lo hacemos con una novela altamente recomendable, y no solamente para los amantes del cine, y es que Cineclub, la novela de David Gilmour (nada que ver con Pink Floyd) es un canto a la vida, una enseñanza sobre la educación paterno-filial y sobre el respeto. Y eso es precisamente el detonante de la historia; Gilmour, no sabe que hacer para que su hijo de 16 años le haga caso y cuando éste le dice que no va a ir al instituto, su padre, desesperado, le propone un trato: no irá al instituto si no quiere, y podrá seguir viviendo en casa a pensión completa, pero a cambio le tendrá que prometer que no probará ninguna droga y tendrá que ver tres películas elegidas por su padre, y tendrá que verlas con él, y hablar de ellas.

Lo bueno del libro es que ocurrió en verdad, y fue el propio escritor el padre desesperado que obligó a su hijo a aprender a vivir peli tras peli. Y es que ese cineclub acaba siendo mucho más que eso; hablan de muchas cosas, chicas, drogas, inseguridades…

No estoy seguro de que quiera yo una educación parecida para posibles hijos míos, pero me enternece la idea. Manhattan, Showgirls, La ley del silencio, Gigante y un largo etcétera, explicadas desenfadadamente y, en ocasiones, de manera muy arriesgada. Muy recomendable, de verdad.


Notas Sobre El Cinematógrafo (Robert Bresson)

El cineasta Robert BressonHoy toca hablar de libros, y qué mejor que con la Biblia de muchos cineastas. Y es que este recopilatorio de aforismos sobre el cine en particular y el arte en general, que Bresson regaló hace más de 30 años es de lectura obligada para todo aquel que quiera acercarse de manera un poco más profunda al 7º arte.

Un libro que a pesar de sus pocas páginas, no es de lectura fácil o ágil, pasa como con la obra de Borges, que piensas que te lo vas a leer en una tarde y tiene tanta enjundia como un volumen de 600 páginas. Y es que es mucha la sabiduría sobre el medio del genio francés y tras aforismo solo puedes levantar la mirada del libro y pensar (recomendable su lectura en un tren de largo recorrido con paisaje verde).

Los pensamientos de Bresson se expresan en píldoras bien dosificadas, en ocasiones un tanto repetitivas, como si de una lección universitaria se tratase, pero que deja un poso valioso y de calado. Y como hoy hablamos de lo breve y de lo humano dejo que descanséis la vista. Podéis ir en paz.

Spiritual Voices (Alexander Sokurov, 1995)

Imagen promocional de la película Spiritual Voices de Alexander SokurovUna prueba indiscutible de que el vídeo digital ha hecho mucho daño al mundo del cine, hoy toca ser críticos, es que los cineastas-artistas ven una manera muy barata de alargar hasta el infinito y más allá sus guiones. Sin el vídeo digital Pedro Costa no hubiese contado los vericuetos del barrio de Fontainhas primero en 3 horas (No quarto de Vanda) y después en 150 minutos (Juventude em marcha), David Lynch no hubiese alargado la pesadilla (Inland empire) hasta las tres horas, ni Sokurov hubiese seguido a los soldados rusos en afganistán (Spiritual voices) durante 5 horas. Y es que este documental, interesantísimo por otro lado, dura eso, 5 horitas del ala, para contarte lo que en dos hubiese dado el mismo resultado.

Jovencísimos soldados, aprendices del odio bajo la máscara de la seguridad, acampan en Tayikistán, esperando, siempre esperando, un ataque. Los miedos, inseguridades, y tensiones se respiran en los planos de una cámara atenta en todo momento. Una voz en off, leyendo una suerte de diario, en ocasiones demasiado lírico y pedante, una música clásica para dar ese toque arty, y unos planos eternos queriendo captar eso tan difícil que es el tiempo.

No es un documental fallido, no me atrevería a decirlo, pero no es la oda pacifista que esperaba Sokurov. Y es que abrirse paso a través de un documental que arranca con un plano fijo de ¡media hora! No es fácil. La pretensión artística campa a sus anchas a lo largo de los baratos y digitales 300 y pico minutos. En ocasiones fascinante, a menudo aburrido y reiterativo, el documental es una rareza de un cineasta sublime la mayoría de las veces. Personalmente prefiero Alexandra, una pieza que tiene mucho en común con éste Escorial. Me da pavor pensar cuánto hubiese tardado en rodarlo Kubrick…

Vestida para matar (Roy William Neill, 1946)

Carátula del DVD de Vestida para Matar de Roy William NeillQue el título no confunda a nadie, esta no es la conocida, ni tiene que ver con Brian DePalma. Se trata de una pequeña película de la serie que, en los míticos 40, William Neill rodó junto a Basil Rathbone y Nigel Bruce sobre la figura de Sherlock Holmes, en las antípodas de esa especie de House macarra y guarreras que se ha sacado de la manga el ex de Madonna con un excéntrico Robert Downey Jr. Aquí Sherlock Holmes es un excesivamente tranquilo observador del entorno. Como tiene que ser.

Todo comienza con la subasta de tres cajitas de música, aparentemente sin valor e idénticas entre ellas. Apenas tienen salida, un coleccionista de cajitas de música y algún que otro curioso. Pero de pronto alguien aparecerá con muchas ganas de tenerlas todas, llegando incluso el crimen. Entonces…¿qué pasa con dichas cajitas?

La historia peca, en ocasiones, de ingenua y es precisamente lo que la hace entrañable y maravillosa. Puesta en escena sencilla y muy televisiva y unas actuaciones ajustadas a un guión básico, lejos de las maravillas literarias de Sir Arthur Conan Doyle. Eso sí, perfecta para las tardes de domingo. Ah! Y crea adicción.

Superfumados (David Gordon Green, 2008)

Cartel promocional de la película SuperfumadosResulta enervante ver como las distribuidoras españolas juegan con el destino de ciertos productos más que notables con su manía de titular puerilmente dichas obras. Ya hemos hablado de “Paso de ti”, “Lío embarazoso”, “Supersalidos”, “Una guerra muy perra”, por otro lado un soplo de aire helado a la comedia americana, y siempre nos hemos lamentado de sus títulos españoles.

Pues bien, ahora toca hablar de Superfumados. Nada que ver con esa bobada, que cuenta ya con dos referencias, llamada “Dos colgados muy fumados”. El guión que nos ocupa, firmado entre otros por el omnipresente Judd Apatow y su pupilo Seth Rogen, no es una comedia más, de hecho hay momentos en la película que no tienen ni puñetera gracia, y no lo digo en el mal sentido, y es que el film se retuerce maliciosamente para convertirse en un thriller hiperviolento que deja con la boca abierta al espectador desinformado, entre los cuales me incluyo.

Lo que parece que va a ser una comedieta adolescente sobre la juerga y el cannabis, se acaba convirtiendo en una orgía de sangre y explosiones, y en una vuelta de tuerca, con mucha retranca, a la idea de la amistad en las películas. Curiosa y rara por su concepción de la trama, Superfumados se convierte en un curioso alegato sobre un nuevo cine americano, y basta ya de prejuicios por favor, que resulta interesante seguir de cerca. Cine comercial americano….¿Por qué no?