Tropic Thunder (Ben Stiller, 2008)

Cartel promocional de la película Trophic ThunderLlevo unos años descubriendo, con gran agrado, como ciertos actores saltan a la dirección cinematográfica con resultados más que gratificantes. Muchas veces se les acusa de intrusismo, ya se sabe zapatero a tus zapatos, pero por otro lado es lógico. La figura del actor es la más histriónica, esquizofrénica y tiene mucho que ofrecer. Siempre se habla de la visión del director, de su forma de ver para contar, pero el actor (o actriz, no se me rebelen), también compone miradas, gestos, tonos de voz y, después de participar en numerosas películas es comprensible que quieran componer historias desde el otro lado de la cámara.

Muchos actores han firmado sus mejores obras detrás de la maquinaria: Mel Gibson, Clint Eastwood, Charles Laughton….. y Ben Stiller.

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El Niño (Hnos. Dardenne, 2005)

Cartel promocional de la película El Niño de los hermanos DardenneNo soy nada festivalero. No me gusta fiarme de tal o cual premio, aunque Cannes es mi debilidad. A pesar de que parezca financiado por los hermanos Dardenne. No sé cuantas palmas se han llevado, incluida este despropósito, tristón, y un tanto desquiciado “El niño“.

Personajes que no tienen donde caerse muertos, vidas al límite y kilos de demagogia, de filos de navaja e intento de llevarse la espiga de oro. No, por ahí no paso. En su momento defendí Rosetta, a pesar de arrebatarle la palma a la, para mí, mejor película de los últimos 15 años (toma ya!), esto es Una historia verdadera, de David Lynch, pero esta vuelta de tuerca es forzadísima y no me convence. Vale que no se quiera empatizar con el protagonista, pero es que te saca de la peli tanta estupidez.

Y es que ya se sabe, cuando se filma barrios pobres, con gente acomplejada, sin nada que perder, cámara al hombro, y se insertan planos desquiciados, los Dardenne se llevan la palma.

Cine Y ETA

Hace unas semanas comentaba, en una fiesta nocturna, con mis amigos el eterno conflicto vasco. Y como siempre en estos casos las voces se elevaron coléricas solo apagadas por las dentelladas virulentas a las chuletillas y los tragos al Rioja. No conseguimos solucionar nada, en cambio vimos, no sin cierta ironía, que el terror etarra también llega el cine.

Y es que después de 30 años aún no se ha hecho una película digna sobre el conflicto. La muerte de Mikel, Días contados, Yoyes, El viaje de Arián, Lobo, A ciegas… Creo que no hace falta seguir. Aunque ahora se hable de Tiro en la cabeza, que no es que sea una peli sobre ETA, y se vaya a hacer una con “el bola“, el género está en declive.

Tenía fe en “Todos estamos invitados“, de Gutierrez Aragón, pero dos amigos me quitaron la ilusión de manera contundente. Incluso el documental de Medem pareció estar empañado, con lo curradito que lo tenía el donostiarra…

Hace unos días le decía a un amigo que George W. Bush había hecho mucho daño a la música actual, ya que por su culpa R.E.M, Springsteen, U2 habían firmado sus discos más aburridos para meterse con él. Hoy digo que ETA, así como la guerra civil (ay Cuerda!) son nefastos, aparte de lo obvio, para el cine.

Reloj de Arena 07/10/2008

Logo de la alicantina Radio San Vicente

El primer martes de este mes, el 7 de Octubre, tras tocarla por encima la semana anterior, Javier Angulo Ikazuriaga repasó la última película de Jaime Rosales, “Tiro en la Cabeza“, en el programa de radio “Reloj de Arena” de la alicantina Radio San Vicente.

07/10/2008

La Escopeta Nacional (Luis García Berlanga, 1978)

Cartel promocional de la película de Luis García Berlanga La Escopeta NacionalAhora que ya seguramente no vuelva a dirigir cine (su última cinta fue Paris-Tombuctú), es buen momento de repasar poco a poco la filmografía del valenciano localmente universal. Nadie duda que Berlanga es mucho más que uno de los mejores cineastas del cine español, con muchos altibajos todo hay que decirlo, es el creador de un lenguaje, de un humor y una manera de ver la vida que solo le pertenece a él.

En la película que hoy nos ocupa, su histrionismo y genialidad nos lleva a la mansión de los marqueses de Leguineche, donde un empresario de porteros automáticos (el siempre genial Jose Sazatornil), trata de hacer negocio dando una partida de caza que paga él, aunque tiene que hacer que son los marqueses los que la pagan. Ese punto donde todos saben de donde viene el dinero y siguen agasajando a los marqueses, ese submundo de pelotas, tiralevitas y demás lacra social, aunque bien vestida es el escenario donde se desarrolla la hora y media descacharrante de La escopeta nacional.

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