La Mujer Sin Cabeza (Lucrecia Martel, 2008)
Desde principios de 2000, cuando se dio a conocer un film fundamental como fue La ciénaga, Lucrecia Martel se ha erigido como una de las personalidades más importantes, cinematográficamente hablando, de Argentina. Ella junto a Lisandro Alonso o Pablo Trapero configuran una especie de triunvirato fundamental, en las antípodas de las producciones argentinas, sensibleras, que ya no están tan de moda como hace unos años.
En La ciénaga se vislumbraba una personalidad fuerte, contracorriente, de fondo y forma perturbadores, un animal audiovisual.
Le siguió una, si cabe, más perturbadora cinta llamada La niña santa, escandalosa para las mentes bien/mal pensantes. Y el universo ya estaba creado. Un universo diverso, tremendamente personal y nuevo. El cine de Lucrecia Martel solo se parece al cine de Lucrecia Martel.
Y llega una tercera película. La mujer sin cabeza, aquí estúpidamente llamada La mujer rubia. El reverso tenebroso de La muerte de un ciclista de Bardem, la película nos muestra/oculta los demonios de Verónica, una mujer que cree haber atropellado a una persona. No baja del coche, no mira, solo sigue adelante. Ahí radica el comienzo de su reconstrucción (y destrucción) mental. No sabemos si de verdad era una persona, un niño, quizás algo inanimado, y esa incertidumbre empapa todo el metraje.
Angustioso film, de trama adherente como una camisa sudada, incómodo, con muchas preguntas sin respuesta, con muchos finales posibles. Un nuevo prodigio de Lucrecia Martel.
Ahora que Pedro Costa disfruta de un, merecidísimo, reconocimiento minoritario y cinéfilo gracias al DVD y a Cahiers du cinema, todo hay que decirlo, es hora de saldar cuentas con otros grandes desconocidos como son Jean Marie Straub y Daniele Huillet, matrimonio bien avenido y bien hallado por este portugués errante, que abandona momentáneamente los suburbios de Fontainhas para adentrarse en la sala de montaje de los franceses y seguir (y grabar) su proceso creativo, su mise en montage (cómo odio las expresiones en francés, que pedantes son, pero que bien quedas).
Hay personalidades cuyo conocimiento es fundamental para entender el mundo. Aquí intentamos dar a conocer a cineastas importantes, cuya obra puede abrirnos una nueva manera de entender la vida. Pero hoy vamos a hablar de Jean Rouch, una persona muy importante a otro nivel. Su obra filmográfica es innegable, pero es justo anotar su impresionante legado etnográfico y es que siempre persiguió el conocimiento de otras etnias, en especial la africana, tan lejana, geográfica y culturalmente de la nuestra.

