Syndromes And A Century (Apichatpong Weerasethakul, 2006)

Cartel promocional de la película Syndromes And A Century de Apichatpong WeerasethakulEl cine da muestras continuas de renovación, tras épocas de decadente mutismo, salen nuevos cineastas, salvajes, que nos muestran que otro cine es posible. Algunos de manera más contundente (el muy mencionado Raya Martin y sus filmes-río de más de 9 horas es uno de los más notorios) y otros que buscan su pequeña revolución narrativo-estético dentro de lo soportable. Apichatpong Weerasethakul es uno de ellos.

Conocido por su obra magna Tropical Malady, el tailandés es autor de otras películas que no han visto estreno siquiera en los cineclubs de por aquí. No es el caso de la estupenda y desconcertante Syndromes and a century, que pasó con brío por la BAFF (Barcelona Asian Film Festival) de hace unos años, y que hoy disfrutamos con el estupendo cofre de 6 dvd que la dirección del festival ha sacado en conmemoración de los 10 años del mismo.

Empieza el film con la entrevista de trabajo de un chico que ansía ser médico. La acción transcurre en un hospital rodeado de palmeras, donde dicho chico empieza a trabajar. Enseguida le dejamos y acompañamos a la doctora que le hizo dicha entrevista, y su pretendiente, al que da calabazas contándole la historia de amor de ésta con un vendedor de flores. Nada nos dice en qué año estamos, pero presumiblemente nos encontramos en los años 60, más o menos. La historia de amor, en flashback, de la doctora da paso a la historia de un dentista atormentado por la muerte de su hermano, y que además canta en una fiesta que se celebra en el hospital. Una noche, el dentista, habla de la reencarnación con un paciente monje.

Acto seguido, como si el film se hubiese reencarnado, nos encontramos con los mismos personajes, en idéntica situación, pero muchos años después, en un presente-futuro de límpido blanco y las palmeras convertidas en enormes rascacielos. Asistimos a la misma entrevista del principio, a la misma persona, pero en la actualidad, y con otro ángulo de cámara. Poco a poco se muestra la otra cara de las escenas-situaciones que ya hemos visto, solo que ésta vez el protagonista es el entrevistado, no la doctora. En cambio, vemos que casi nada cambia, sea quién sea el protagonista y sea cual sea la época. La sociedad sigue enferma, múltiples son los síndromes de una ciudadanía masificada, vistos a través de unos personajes excéntricos, pero reconocibles. Una vez más nos viene del lejano Oriente un estupendo retrato social disfrazado de buen cine.


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