La Mujer Sin Cabeza (Lucrecia Martel, 2008)

Cartel promocional de la película La Mujer Sin Cabeza de Lucrecia MartelDesde principios de 2000, cuando se dio a conocer un film fundamental como fue La ciénaga, Lucrecia Martel se ha erigido como una de las personalidades más importantes, cinematográficamente hablando, de Argentina. Ella junto a Lisandro Alonso o Pablo Trapero configuran una especie de triunvirato fundamental, en las antípodas de las producciones argentinas, sensibleras, que ya no están tan de moda como hace unos años.

En La ciénaga se vislumbraba una personalidad fuerte, contracorriente, de fondo y forma perturbadores, un animal audiovisual.

Le siguió una, si cabe, más perturbadora cinta llamada La niña santa, escandalosa para las mentes bien/mal pensantes. Y el universo ya estaba creado. Un universo diverso, tremendamente personal y nuevo. El cine de Lucrecia Martel solo se parece al cine de Lucrecia Martel.

Y llega una tercera película. La mujer sin cabeza, aquí estúpidamente llamada La mujer rubia. El reverso tenebroso de La muerte de un ciclista de Bardem, la película nos muestra/oculta los demonios de Verónica, una mujer que cree haber atropellado a una persona. No baja del coche, no mira, solo sigue adelante. Ahí radica el comienzo de su reconstrucción (y destrucción) mental. No sabemos si de verdad era una persona, un niño, quizás algo inanimado, y esa incertidumbre empapa todo el metraje.

Angustioso film, de trama adherente como una camisa sudada, incómodo, con muchas preguntas sin respuesta, con muchos finales posibles. Un nuevo prodigio de Lucrecia Martel.


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