La Escafandra y La Mariposa (Julian Schnabel)

Poster promocional de la película La Escafandra y La Mariposa dirigida por Julian SchnabelHace casi 15 años se escribió un guión que jamás vio la luz, afortunadamente, ya que era un ejercicio pedante y pretencioso, lo peor que se puede ser. El guión en cuestión se llamaba Ojos de terciopelo, y trataba de una ciega. El autor de dicho guión quería mostrar lo que veía una ciega…. Casi nada.

Pero vamos a lo que nos importa. A menudo pienso que las películas más interesantes las firman las personas que menos tienen que ver con el cine propiamente dicho. Pintores, escritores, cantantes… Quizás porque no se dejan llevar por el modus operandi de la técnica. Pues bien, Julian Schnabel, un pintor modernísimo, amigo de gente cool tipo Bowie, lleva años firmando lienzos y bobinas de celuloide, con diversos resultados. A él le debemos pestiños como el biopic de Reynaldo Arenas, Antes que amanezca, con un excesivo Bardem. No obstante su estética sobrepasaba lo visto en una sala.

Y repitió hazaña con ésta adaptación de una novela muy conocida en Francia. En ella un hombre de buena posición sufre un ataque cerebral y queda totalmente paralizado a excepción de un párpado con cuyo movimiento, en lenguaje tipo morse, consiguió escribir el best seller.

Pues bien, la historia tiene sobrados motivos para convertirse en un lacrimógeno telefilm de sobremesa, pero en manos del bueno de Schnabel se convierte en una suerte de juego intelecto-artistoide donde se pretende mostrar lo que ve un tetratpléjico…Casi nada. Todo ello contando con alucinantes escenas que parecen sacadas de un videoclip, para acabar contando una historia sin garra y con muchas pretensiones. Dos de dos, no sé si veré una tercera película de éste pintor.


1 Comentario realizados
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Ay ay, que nuestros caminos se separan cada vez más. En fin, pienso exactamente lo contrario que tú, yo creo que Schnabel hace equilibrios en una cuerda flojísima y sale más que indemne, al lograr contar una historia que, a priori, no se podía contar. Entre otras cosas consigue mimetizar su modo de filmar y de manejar la cámara con el proceso de recuperación -sobre todo moral- del protagonista, de manera que nos mareamos con él al principio para terminar encontrando el equilibrio a la vez que él. Todo esto rodado con mucho sentido del humor -y mira que era difícil- y con un resultado optimista y vitalista.

Quede aquí mi comentario para no desanimar completamente a tus lectores :-)



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