El Año Pasado En Marienbad (Alain Resnais, 1960)

Carátula del DVD de la película El Año Pasado en Marienbad de Alain ResnaisHay películas que deseas que acaben para contarle a un amigo o familiar lo buena que es, otras para destriparla con otro de tu misma opinión, y otras en las que sabes que es imposible hablar de ellas, porque la función es tan compleja que solo puedes recomendar a alguien para que la vea y saque sus propias conclusiones.

Resnais había conmocionado a todo el mundo con aquel relato trágico, descarnado y tremendamente tierno llamado “Hiroshima mon amour”. Acababan los 50 y la nouvelle vague empezaba a gatear. Jóvenes cineastas deseaban demostrar lo buenos que eran, se rebelaban contra un cine que habían mamado (y pese a ellos les había influido) y deseaban rodar sus propias historias en la calle, de manera más espontánea (cinema verita, free cinema, cinema nuovo, Dogma 95… mil nombres para realizar el mismo ejercicio). Y de pronto viene un joven Alain Resnais y provoca a los provocadores realizando un film barroco, de estudio, alejado de las moderneces que, con el tiempo, también pasarían de moda. Hiroshima se convirtió en un film de culto casi desde su rodaje.

Algún año después volvió a recordarnos que el cine adolecía (y adolece aún hoy) de una concepción narrativa del siglo XVIII, o incluso anterior, y quiso (consiguió) desmenuzar las convenciones narrativas del cine creando una especie de ensoñación audiovisual, a base de largos travellings en un edificio barroco (como su propia escritura), con voces en off a modo de mantras repetitivos, machacones, y de una imposible historia de amor a destiempo, mal entendida e imposiblemente desarrollada. ¿Existió alguna vez aquella historia? ¿Se la inventa el hombre? ¿La intenta olvidar la mujer? Film desconcertante, netamente experimental, de un poder visual inimaginable, tremendamente moderno a pesar de sus casi 50 años.

Una maravilla casi olvidada, una verdadera obra maestra del cine. Una pieza de museo, para verla con los ojos, olerla con la nariz, escucharla con los oídos, y sentirla en el alma. No busquen un significado claro, un desarrollo lineal y convencional. Prepárense para una auténtica experiencia extrasensorial. Recuerden lo que ocurrió el año pasado en Marienbad.


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