Ciclo. Narciso Ibáñez Serrador. El Televisor (1974)

Uno de los primeros fotogramas de El Televisor de Narciso Ibáñez SerradorHace treinta y dos años el gran Narciso Ibáñez Serrador rodó una historia que, vista hoy, tiene una extraña vigencia. Era una de aquellas Historias para no dormir, donde trabajaba con su padre Narciso Ibáñez Menta, uno de nuestros mejores actores.

En la historia se contaba el quehacer diario de un hombre gris, de vida de igual color, vertebrada entre trabajo y descanso, sin otro aliciente que el de ahorrar para comprarse un televisor, ése invento.

El primer plano del film recuerda al comienzo de Fahrenheit 451, de Truffaut, todas esas antenas, como alienígenas que colonizan todos los tejados de la ciudad.

Lo que comienza pareciendo una comedia dramática se va emponzoñando a medida que el televisor posee a su protagonista, que ve estupefacto todas las posibilidades de la vida, sin salir eso sí de su salón.

Pronto vendrán los delirios y los miedos a que las personas que aparecen en el artefacto se escapen y vayan a dar a su casa. Quizás su parte más floja es cuando la moralidad se patenta en unas líneas de dialogo de buena intención pero de poca efectividad. El giro final, en un último plano brutal cierra una reflexión sobre lo dañino que puede ser el mundo de los platós y sus cadenas de montaje, esa fábrica de imágenes e ideas. Resulta curioso ver ahora un film que debió ser doblemente impactante en su momento. Pero casi toda la obra de Chicho es así, y goza de una modernidad inaudita.


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