Dexter

Imagen promocional de DexterVivimos sin duda en la era de las series de tv. Las estanterías de DVD de las tiendas y videoclubs dejan cada vez más espacio a las temporadas completas de tal o cual serie, sobretodo las que aún están en la parrilla (algo curioso). Y es que están cada vez más curradas, las tramas, la puesta en escena, el riesgo…

Y es que la serie de la que voy a hablar es todo riesgo. Basada en un par de novelas de Jeff Lindsay, Dexter habla de un psicópata que trabaja como forense, cuya hermana y su difunto padre, son policías, y su pasión por la sangre le hace ser el mejor. Series parecidas hemos visto por doquier: House y su sobrehumana manera de acertar casos, Colombo y su genialidad torpe, como la de Monk…. Pero la diferencia viene en que Dexter es un asesino que mata a otros asesinos, una fábula inmoral, de tema espinoso y treméndamente incorrecta políticamente hablando.

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Histoire(s) Du Cinema. El Espectador Normal

El cineasta Jean Luc GodardDesde hace unos años el cineasta Jean Luc Godard está empeñado en que nos traguemos sus pajas mentales y que veamos lo culto que es. Películas-ladrillo como ese horror llamado Nuestra música, donde dejaba bien claro la egolatría sin freno del francés. Ya en los sesenta-setenta nos aburría con sus diatribas sobre el comunismo y el proletariado.

Preocupado siempre por la sociedad, más que por el cine quizás, sus filmes adolecen a menudo de un exceso de discurso, y esta serie documental viene a ser la cota más alta de la pedantería, la vacuidad, el egocentrismo y la megalomanía. Y es que éstas historias, que más que de cine se podrían llamar para no dormir, aparte de confusas, son insoportables. Nadie es capaz de asimilar la tortura audiovisual de Godard sin volverse loco. Las imágenes nunca son claras, siempre se multiplican los efectos, los créditos con cientos de significados, las bandas sonoras en off, las recreaciones sinsorgas, ese aire de superioridad que destila todo el metraje, y el molesto sonido de las teclas conforman el personalísimo homenaje de Godard al séptimo arte. Una experiencia inolvidable, sin duda, pero por el dolor de cabeza de levanta.

Histoire(s) Du Cinema. El Cinéfilo

Caratula del pack de Histoire(s) du cinemaGrata sorpresa la edición en dvd (pack de 4) de Cameo, de la(s) historia(s) del cine de Godard. Las imágenes apabullantes nos hablan de cine, de arte, pero sobretodo de vida, y la impresionante cultura de Jean Luc nos atrapa, seduce y forma a lo largo de sus 5 horas más o menos.

Cualquier cineasta hubiese hecho una historia del cine de forma cronológica, más o menos fetichista, más o menos convencional, pero el enfant terrible de la nouvelle vague no se conforma con hablar de su pasión, tiene que crear en el camino y nos muestra este maná de orgiásticas burbujas, éste licor de embriagador barroquismo, ésta obra magna, casi más grande que la propia historia del cine.

Difícil de ver, imposible de olvidar, ésta miniserie, rara a rabiar, está entre lo más innovador y genial que se haya rodado, grabado, montado jamás. Y es Godard el culpable, y nosotros se lo agradecemos. Las imágenes se desdibujan, aparecen créditos por doquier, juegos de palabras…. y todo ello para mostrar ese juego que para su autor es vital. Y para los amantes del (otro(s)) cine(s) fundamental.

Monty Python´s Flying Circus (1969)

Los Monty Python

Para entender el humor de Faemino y Cansado, de Tip y Coll, de Little Britain, de The Young Ones, de Deja La Sangre Correr, incluso de La Hora Chanante, o más recientemente Muchachada Nui, tenemos que ir a los clásicos.

No, no me estoy refiriendo a Chaplin, Tati, Keaton y demás, aunque puede que en algún caso también, sino a Chapman, Idle, Cleese, Jones, Palin y Gilliam, esto es a los maestros Monty Python. Dotados de un ingenio sin igual, humor absurdo e inteligente, culto y alocado que hace que 40 años después sus sketches sigan provocando la carcajada (a quien le guste este humor claro).

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A Dos Metros Bajo Tierra

Imagen promocional de la serie A Dos Metros Bajo Tierra

Ahora están de moda las series sobre oficios, sobre todo de médicos y demás casos sociales. Pero también hay policías, camareros, detectives de casos dificilísimos, abogados, escritores, cirujanos, médiums, superhéroes (puede llegar a ser un oficio, por qué no). Incluso la mente retorcida de los guionistas han dado con trabajos, medio dramatizados, medio desconocidos para el gran público, para crear el lite motiv de la serie de turno.

Ese es el caso de A dos metros bajo tierra, creada por Alan Ball, donde los avatares familiares de una pequeña funeraria, mezclada con los inevitables dramas de sus componentes, componen el corazón de la historia.

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