Flirt (Hal Hartley, 1995)
Hay veces en que resulta muy difícil adivinar donde estriba la supuesta genialidad o el prestigio de una persona u otra. Muchas veces alguien es erigido como icono o ídolo de algo y hay que aceptarlo para no quedar en ridículo, como aquellas personas que no podían reconocer que su rey estaba desnudo ante ellos.
Yo no voy de niño que delata la desnudez de ninguna monarquía, pero no entiendo que ha visto nadie en los films de Hal Hartley. Hoy, con una obra asentada, es considerado como el paradigma de cierto cine independiente, o indie, que mola más aunque en el fondo da más miedo. Claro que no es lo mismo un cine indie de un pais x que un cine indie neoyorquino, donde parece que cualquier bazofia es vanguardia. Pues si estas pelis son vanguardia, lo siento mucho, pero prefiero quedarme en la retaguardia.
Snob, intelectualoide de salón, vacío, aburrido, repetitivo, pedante, el cine del Medem neoyorquino es una apuesta por el “vamos a dejar boquiabiertos al respetable, que me adoren”. Algo de lo cual es muy libre, pero que dice mucho de su apuesta por la auténtica narración y por el arte. Si me quieres contar tres veces la misma historia, cuéntamela, pero no tienes que irte a tres países diferentes, ya sabemos que el ser humano se comporta de igual manera aquí (Nueva York claro, aquí siempre es America) que en Tokio. Pero es que es más fashion ¿no?
En fin, que si queréis ver tres veces la misma historia, esto es, tirarte hora y media para ver lo que ya te han contado en la primera media hora, esta es tu peli.
Llevaba muchos años queriendo ver esta rareza de uno de los guionistas más interesantes del cine americano. Un film inencontrable durante años y años y que estos días se reestrena (en formato dvd, eso sí) en algunas salas de arte y ensayo, como dicen los mayores.
Demos de nuevo las gracias al maravilloso mundo del dvd por traernos más obra desconocida, como la de este alquimista de la imagen que fue Sergei Parajanov, un expresionista visual, pero también sensorial, mirando a la vanguardia estética sin olvidar a los clásicos literarios, facturando un cine que resulta una experiencia.
Abróchense los cinturones porque vamos con el más hardcore de los cineastas españoles. Sexo, violencia, droga, homosexualidad, tríos, cuartetos, cárceles, navajeros, ETA, la Iglesia, comunismo, terror, delincuencia….¿seguimos?
Que el título no confunda a nadie, esta no es la conocida, ni tiene que ver con Brian DePalma. Se trata de una pequeña película de la serie que, en los míticos 40, William Neill rodó junto a Basil Rathbone y Nigel Bruce sobre la figura de Sherlock Holmes, en las antípodas de esa especie de House macarra y guarreras que se ha sacado de la manga el ex de Madonna con un excéntrico Robert Downey Jr. Aquí Sherlock Holmes es un excesivamente tranquilo observador del entorno. Como tiene que ser.
