Flirt (Hal Hartley, 1995)

Cartel promocional de la película Flirt de Hal HartleyHay veces en que resulta muy difícil adivinar donde estriba la supuesta genialidad o el prestigio de una persona u otra. Muchas veces alguien es erigido como icono o ídolo de algo y hay que aceptarlo para no quedar en ridículo, como aquellas personas que no podían reconocer que su rey estaba desnudo ante ellos.

Yo no voy de niño que delata la desnudez de ninguna monarquía, pero no entiendo que ha visto nadie en los films de Hal Hartley. Hoy, con una obra asentada, es considerado como el paradigma de cierto cine independiente, o indie, que mola más aunque en el fondo da más miedo. Claro que no es lo mismo un cine indie de un pais x que un cine indie neoyorquino, donde parece que cualquier bazofia es vanguardia. Pues si estas pelis son vanguardia, lo siento mucho, pero prefiero quedarme en la retaguardia.

Snob, intelectualoide de salón, vacío, aburrido, repetitivo, pedante, el cine del Medem neoyorquino es una apuesta por el “vamos a dejar boquiabiertos al respetable, que me adoren”. Algo de lo cual es muy libre, pero que dice mucho de su apuesta por la auténtica narración y por el arte. Si me quieres contar tres veces la misma historia, cuéntamela, pero no tienes que irte a tres países diferentes, ya sabemos que el ser humano se comporta de igual manera aquí (Nueva York claro, aquí siempre es America) que en Tokio. Pero es que es más fashion ¿no?

En fin, que si queréis ver tres veces la misma historia, esto es, tirarte hora y media para ver lo que ya te han contado en la primera media hora, esta es tu peli.


Mishima (Paul Schrader, 1985)

Carátula del DVD de la película Mishima de Paul SchraderLlevaba muchos años queriendo ver esta rareza de uno de los guionistas más interesantes del cine americano. Un film inencontrable durante años y años y que estos días se reestrena (en formato dvd, eso sí) en algunas salas de arte y ensayo, como dicen los mayores.

El film es de una libertad experimental impresionante, teniendo en cuenta que la producen Coppola y George Lucas (los directores que más me gustan como productores que como directores propiamente dicho).

Resulta extraño ver esta especie de biopic, que no es tal, de una de las personalidades más desconocidas de la literatura. Muchos conocen a Mishima, el nombre, pero muy pocos saben mucho más, entre los que me incluyo. De hecho nunca he leído nada de él, y tras ver la peli creo que nunca me lo tomaré muy en serio.

Las dos horas de metraje se dividen en tres fases narrativas bien diferenciadas: los últimos momentos de Mishima, con una fotografía digna de las películas de Ken Loach, un paso intermedio en pasado, en riguroso blanco y negro, y la parte más experimental, una colorista representación, muy teatral, de varias de las novelas del escritor.

Es una película que no ha envejecido muy mal (quizás la parte teatral sea la que peor lleva su edad) y que se sigue con la misma intensidad que la partitura de su banda sonora, firmada por el gran Philip Glass. Una película que, esperemos, Sherlock la saque dentro de poco en dvd.

Los Corceles De Fuego (Sergei Parajanov, 1964)

Carátula del DVD de Los COrceles de Fuego de Sergei ParajanovDemos de nuevo las gracias al maravilloso mundo del dvd por traernos más obra desconocida, como la de este alquimista de la imagen que fue Sergei Parajanov, un expresionista visual, pero también sensorial, mirando a la vanguardia estética sin olvidar a los clásicos literarios, facturando un cine que resulta una experiencia.

Y es que la trágica historia de amor truncado de Ivan y Marichka es un tiovivo donde las escenas se reproducen como por esporas, la cámara vuela, cae en picado, se tiñe de colores cálidos y gira como enloquecida, al ritmo de un etílico guión anclado en el pasado. Parajanov sabe que su cine no será popular, y ya metidos en harina decide seguir experimentando, con las posibilidades escénicas (y nos encontramos en los 60), Es como si Dostoievski hubiese tomado láudano, o sin ir más lejos, estuviese sufriendo un ataque epiléptico. Clasicismo vanguardista, o modernez anticuada, el caso es que la injusticia se ha roto y hoy conocemos a este autor.

Entren a ver el espectáculo, no os dejéis llevar por lo que os pueda sugerir su apellido (de entre todos, los rusos, suenan muy intelectualoides) y déjense llevar por un cine hecho por amor al arte. Mañana veremos la de Transformers, anda.

Juego De Amor Prohibido (Eloy De La Iglesia, 1975)

Cartel promocional de la película Juego de Amor Prohibido de Eloy de la IglesiaAbróchense los cinturones porque vamos con el más hardcore de los cineastas españoles. Sexo, violencia, droga, homosexualidad, tríos, cuartetos, cárceles, navajeros, ETA, la Iglesia, comunismo, terror, delincuencia….¿seguimos?

El añorado Eloy de la Iglesia fue el más osado, contracorriente, mosca cojonera y demás de un cine imposible en la era de la censura. Hoy que no hay censura, el cine parece Bambi junto a la obra bárbara de éste monstruo.

A mediados de los 70, en los días de la muerte de Paco, esto es, en la era predemocrática, el donostiarra se desmarcó con una historia gótica, que hubiese hecho las delicias del marques de Sade o del propio Buñuel. Un profesor adinerado (estupendo Javier Escribá) secuestra a dos de sus alumnos en su mansión para dar rienda suelta a un mórbido juego. En dicha mansión habita también otro joven (estupendo Simon Andreu), también retenido, pero que accede a los juegos de la mente perversa del profesor. El sexo incipiente en la pareja recién secuestrada desatará un desenlace imprevisible. Mortalmente maliciosa, para nada moralizante, nunca lo fue su cine, este juego de amor prohibido, esta partida a tres bandas, se erige como un artefacto explosivo aún hoy día. No quiero ni pensar lo que pudo resultar hace 35 años. Por eso Eloy fue tan grande, a pesar de lo mal que le ha tratado siempre parte de la crítica cinematográfica. Cine de verdad, osado. Vamos, con un par.

Vestida para matar (Roy William Neill, 1946)

Carátula del DVD de Vestida para Matar de Roy William NeillQue el título no confunda a nadie, esta no es la conocida, ni tiene que ver con Brian DePalma. Se trata de una pequeña película de la serie que, en los míticos 40, William Neill rodó junto a Basil Rathbone y Nigel Bruce sobre la figura de Sherlock Holmes, en las antípodas de esa especie de House macarra y guarreras que se ha sacado de la manga el ex de Madonna con un excéntrico Robert Downey Jr. Aquí Sherlock Holmes es un excesivamente tranquilo observador del entorno. Como tiene que ser.

Todo comienza con la subasta de tres cajitas de música, aparentemente sin valor e idénticas entre ellas. Apenas tienen salida, un coleccionista de cajitas de música y algún que otro curioso. Pero de pronto alguien aparecerá con muchas ganas de tenerlas todas, llegando incluso el crimen. Entonces…¿qué pasa con dichas cajitas?

La historia peca, en ocasiones, de ingenua y es precisamente lo que la hace entrañable y maravillosa. Puesta en escena sencilla y muy televisiva y unas actuaciones ajustadas a un guión básico, lejos de las maravillas literarias de Sir Arthur Conan Doyle. Eso sí, perfecta para las tardes de domingo. Ah! Y crea adicción.