Ama Lur (Nestor Basterretxea y Fernando Larruquert, 1968)
Hace ya cuarenta años se presentó (no sin cierta polémica) éste precioso documental sobre Euskadi en el festival de San Sebastian, un ejercicio artístico, poético, sobre una madre tierra (ama lur en euskara) que no carecía de patriótico por el cineasta Larruquert y el escultor Basterretxea.
A lo largo de algo más de hora y media de imágenes preciosistas, vemos desgranados los más maravillosos paisajes de una de las zonas más privilegiadas de la Península. Mucho verde, mucho mar, muchas fiestas de pueblos, tradición, mucha historia…. ¿Y el problema vasco? Pues no, pasa de puntillas en algún caso sin llegar a caer en la crítica, ni en la autocompasión, ni en el análisis. Y es que el documental es un canto de amor, y como todo canto de amor es vehemente, jamás puede ser objetivo ¿Y quién quiere que lo sea?
La modernidad de sus imágenes hace increíble el hecho de que tenga cuatro décadas. De hecho en más de una ocasión parece que estamos ante La mirada mágica, o La pelota vasca de Medem. Un gran documental que se puede degustar desde cualquier perspectiva, politica o moral, posible. Y como dice mi abuela: la política para los políticos.
Tras éste título que más parece de comedia tonta americana (el original “The Lodger” significa el huésped), se encierra el segundo ejercicio fílmico de uno de los más grandes, pero esta vez de verdad, del cine. La época británica y menos conocida de Alfred, aunque no por ello menos importante, incluyendo joyas mudas como ésta.
En los últimos años, Clint Eastwood se está saliendo de la tabla dirigiendo lo mejor de la cartelera estrenada (no olvidemos toda la producción “invisible” como dice Cahiers du cinema en su último número, que nunca llegaremos a ver), filmes más o menos controvertidos sobre la homosexualidad, eutanasia, falsa moral, justicia, diferentes versiones sobre la guerra, o participando, sin quererlo, en una estúpida polémica perpetrada por el gilipuertas de Spike Lee (siento la expresión, pero gilipuertas es lo más suave que se me ha ocurrido), que ahora no viene al caso.
¿Quién dijo que el cine debían ser imágenes en movimiento? El misterioso Marker, del que nadie sabe casi nada, realizó en los años sesenta filmes experimento como éste, rodado íntegramente con fotografías hechas exclusivamente para la peli. No se trata de un documental, de hecho es una historia de ciencia ficción, con actores, escenas, localizaciones y un guión más que interesante sobre viajes en el tiempo.
En un mundo desolado, en una ciudad de locos, lobo entre los lobos, Ditirambo vela por nosotros. Así empieza la primera obra de ese genio tranquilo que es 