Camino (Javier Fesser, 2008)
…que hasta los ángeles nos cogieron envidia, pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad…..
nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores, que saben más como dicen de las cosas de la vida…
Los versos de Annabel Lee de Edgar Allan Poe sientan como un guante al nuevo film de Javier Fesser, un director atípico en nuestro país, arriesgado como pocos, a pesar de haberse llevado el tan ansiado cabezón este año.
El film, extrañamente emotivo, y curiosamente intenso, narra la enfermedad de una niña muy vitalista, de su muerte lenta hacia una vida plena, de lo muertos que se hallan los “sanos” que la rodean, pero además, y sobretodo, es un canto hacia el amor verdadero e intenso, ese que solo pueden sentir los niños. El entorno familiar de la niña, del Opus dei, llega a resultar aterrador y el film se torna monstruoso por momentos, dando rienda suelta a las imaginaciones y pesadillas de la niña prisionera de su vida.
Emotiva, quizás no perfecta, pero sí arriesgada, con el peligro de rozar en momentos el ridículo, sin llegar a él y devolviendo fotogramas de intensidad inaudita, revelando a Javier Fesser como uno de los cineastas más imaginativos de estos lares. Si ya lo decía yo desde El milagro de P. Tinto…
El otro día volvía de un concierto en Vitoria con mi amigo
Al cine siempre le han venido bien los perdedores, son mucho más interesantes porque actúan de manera desesperada, o atípica, y como ninguno de nosotros nos sentimos perdedores, nos resulta exótico. Muchas son las películas de gente venida a menos, bebiendo y entrando en tugurios de showgirls a las tantas de la noche.
Todo va por rachas y parece que ahora se vuelve al western (algo que intentó sin suerte Kevin Costner), y son Appaloosa, la serie Deadwood o el remake de Mangold los que nos vuelven a llevar a las lejanas tierras polvorientas, donde la vida no vale nada y cualquiera te la puede arrebatar.
