El Hombre Delgado Que No Flaqueará Jamás (Edouard Sailer, 2008)
Lo que no se le puede reprochar a Bunbury es su acertada manera de enfocar cada uno de sus trabajos, dotándolos de una estética, y un leit motiv que tiñe (disfraza) desde los arreglos musicales hasta las fotos del cd, vestimenta y posterior gira de presentación.
Después de la oleada electrónica de Radical sonora, llegó ese pequeño cabaret ambulante de carácter canalla y bastardo, para adentrarnos poco después en el ring de los perdedores y clubes nocturnos de malas compañías de nombre Flamingo´s. Después de viajes a ninguna parte nos enroló en una caravana de circo freak volviendo a esa estética de personajes on the road.
Inquieto, extraño, excesivamente excesivo y, quizás, un poco pretencioso nos vuelve con este Helville De Luxe, esta vez con aires de lejano oeste, escopeta en mano y luciendo botas de montar. La presentación de su primer sencillo es este cortometraje, cuidadísimo, que representa una especie de ajuste de cuentas, sangriento, una road movie llena de polvo y escenas oníricas, una propuesta que, no creo que se estrene en las teles, pero que para algo tenemos internet.

A estas alturas ir al cine a ver una del Soderbergh se ha convertido en un peligro. Rueda tantas y con tantos altibajos que al final no sabes qué te vas a encontrar. Poco queda de aquel cineasta a contracorriente que comenzó a finales de los 80 con una apuesta diferente, independiente, aunque aún nos regala pequeñas incursiones en el cine fronterizo.
La primera vez que oí (leí) el nombre de Michael Cuesta fue viendo A dos metros bajo tierra, ya que es uno de los directores de sus capítulos. La verdad es que la serie varía dependiendo de quién dirige tal o cual episodio. Y los de Cuesta me gustaban especialmente.
Sé que chocará que en estos lares hable de una película cuyo merchandising inunda carteles, plotters, centros comerciales y demás despachos de comida super size. De hecho la peli que nos ocupa la ví en un centro comercial con “sensaciones” surround y demás lindezas de las nuevas salas, que poco tienen que ver con el cine, dicho sea de paso, y mucho con el parque de atracciones.