De todos los post que he escrito en estos años, el anterior es el peor. Los ha habido mejores o peores, pero lo peor que se puede hacer es escribir sobre una joya, una auténtica obra maestra con prisas. Aleksandra no es solo la mejor película de la cartelera actual, es un canto de amor a la vida, al cine, al arte, es un ejercicio de introspección en un mundo de guerras y desconcierto, es un intento de buscar flores en la basura.
La mirada de la abuela, atónita a cómo los soldados limpian sus armas, en lo que quizás pongan más amor que en otra cosa, los paseos por el campamento militar, las preguntas que hace a todos y cada uno de ellos, el amor con que la reciben como si fuese la abuela de todos ellos…. El film tiene miles de momentos mágicos como ésos. Una película ambientada en la guerra chechena, donde no se oye un solo disparo, donde los silencios son tan importantes como las palabras, la incomodidad, el calor, el cansancio de la mujer mayor. Pero además la película nos cuenta mucho sobre la guerra, vemos por dentro un tanque a la vez que lo ve por primera vez Aleksandra y la entendemos perfectamente, en esa clase de triste fascinación.
Film corto, de apenas hora y media, donde transcurre el tiempo de forma especial, sin prisas, pero sin aridez, como solo los maestros saben hacerlo, con un tiempo que solo pertenece al universo de dicho film. Los ojos (y demás sentidos) se relajan, se dan un baño de quietud y paz (algo curioso siendo un film de guerra).
En fín, una película que no será muy reconocida por el gran público, que será patrimonio casi exclusivo de los cinéfilos (auténticos arqueólogos fílmicos) que se cansarán (nos cansaremos) de recomendar en balde.