Wanted (Timur Bekbambetov, 2008)

Cartel promocional de la película WantedAhora que el omnipresente Judd Apatow se erige como incontestable maestro de la nueva comedia americana, he de bajarle del trono, no sin cierta tristeza, para subir a Timur Bekbambetov (prueben a decir en alto su apellido) y es que este cineasta logra filmar la gran comedia del siglo con este delirante Wanted.

Basado en un comic que no he leído, el film se abre paso a codazos, patadas y disparos para desarrollar una de las historias más absurdas y ridículas que ha dado el nuevo cine americano hecho por extranjeros (con papeles). Y es que solo puede producir hilaridad esta historia porque, de tomarla en serio sería como para pensarse el juzgar y condenar a los guionistas por el trasfondo “peligroso” de su propuesta. Si “El club de la lucha” podría ser tomada como apología del terrorismo, “Wanted” es un alegato al “como mola matar”. Y es que en muchas películas hemos visto violencia estilizada y preciosista, pero en la película que nos ocupa es que apetece sumergirte en dicha violencia, y es que como se dice en el film, si no matas no eres nadie.

Estoy pensando en los descerebrados, marginados de la fiesta de fin de curso, humillados en el trabajo etc, que puedan ver esta película. ¿Cómo la entenderán? Espero que como la gran comedia del siglo, porque sino… Sálvese quién pueda.


Un cuento de Navidad (Arnaud Desplechin, 2008)

Cartel promocional de la película Un Cuento de Navidad, dirigida por Arnaud DesplechinYo soy de los que piensan que el arte ha de ser, en su base, humanista. Me cuesta concebir algo que sea ajeno al ser humano, esto es, a la vida. Toda representación ha de desentrañar aspectos vitales, que se respire aire, aunque sea contaminado, pero aire.

Los huecos bajo techo, las heridas cerradas, cicatrizadas, no producen sino vacío, esa sensación de desesperante movimiento mecánico.

Las películas se han desarrollado como elementos mecánicos, químicos, y ahora electrónicos que se retuercen una y otra vez para hablar de una flor. La vida, así sin más. El otro día hablaba con un amigo sobre el concepto, trilladísimo, del buen y el mal cine, sobre lo que es comercial y lo que no, y yo llegué a la conclusión de que todo es comercial. Nadie se funde el dineral que cuesta hacer una peli para que otro se ahorre las sesiones de psicoanalista. Y es que el cine no es gratis, ni para el creador, ni para el productor, ni siquiera para el espectador. Luego tiene que haber algo más. Y ese algo debe tener que ver con el hombre, ya que es quién lo crea y consume.

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Borat / Brüno (Larry Charles, 2006-2009)

Imagen promocional de la película BrunoHace tres años, un casi desconocido (al menos por aquí) actor británico saltó a la palestra por ser el protagonista de una de las películas más polémicas del momento; Borat. En ella, hacía de un periodista Kazajo que iba a EEUU para hacer un documental sobre el estilo de vida americano. En un momento del film (muy significativo, por cierto) habla con un experto sobre humor americano, y le explica lo que son los chistes-que no. Se trata de afirmar algo (por lo general equivocado) categóricamente para, después de una pausa, decir ¡que no! Entonces el interlocutor se da cuenta de la broma y se ríe.

El film ataca sin piedad muchos tabúes sin moraleja final. El actor empezaba a labrar una buena/mala reputación.

Ahora llega a las salas Brüno, una de las películas más salvajes de la cartelera, y no es gratuito decirlo, se trata de una visión descarnada de la convenciones no solo de America, sino del ser humano. Es tan brutal que molestará incluso hasta las mentes mal pensantes. Y seguramente tanto Sacha Baron Cohen (actor) como Larry Charles (director) sean tanto amados como desdeñados en todo tipo de ámbitos cool. Sus películas son machistas, racistas, antisemitas, aparte de bromear con la pederastia, las violaciones, las enfermedades de todo tipo (¿por qué mola el autismo? Porque es divertido), las guerras, los gays, las comunidades afroamericanas, el ejército, las reuniones de swingers (cambios de pareja y orgías)… Vamos, que Baron Cohen se siente muy a gusto en su papel de decapitador de títeres, ya que no queda nadie a salvo. Pero lo bueno es que se ríe, sobretodo, de sí mismo.

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Mikel Laboa (Mari Sol Bastida, 2009)

A, aaaaa, aaaaaaaaa, yayayayayayayayayayayayayayayayayayayayayayay. Izan edo ez izan. Wereconu you my darling? Agüerijau nou jou col, evribodi, emesair, em, emeeeeeememememememememem, popopopopopopopopopopopopopopopo “…..del cerro vengo bajando, camino y piedra”. And now, sir, Haendel´s mesiaeh. With Txalaparta sound bloooooblbolboblboblboblboblbolbbolboblbblboblboblbo.

El cantante Mikel LaboaMy wife, Mari Sol Bastida is directed, este documental sobre nire bizitza, my opus, nire musika, mi heart. ¿Lo comprendió, compadre? Así como que sí, pero no, mi cuate, no te me requetechilopaes.

Hegoak ebaki banizkion (si le cortara las alas….) ayayayayayayayayayayay!!!!!
Baga, biga higa, laga, boga, sega, zain soin bele, arma tiro pum!
All of us, o sea “gu”, Lekeition gara, o bajo las bombas de Gernika.
And you, dear Mikel, que estás en los cielos…hallowed be thy name.

En homenaje a uno de los mayores genios de la cultura vasca, luchando eternamente por la paz y creando una obra sin igual. This is for you, queridísimo Michael Laboa.

Spiritual Voices (Alexander Sokurov, 1995)

Imagen promocional de la película Spiritual Voices de Alexander SokurovUna prueba indiscutible de que el vídeo digital ha hecho mucho daño al mundo del cine, hoy toca ser críticos, es que los cineastas-artistas ven una manera muy barata de alargar hasta el infinito y más allá sus guiones. Sin el vídeo digital Pedro Costa no hubiese contado los vericuetos del barrio de Fontainhas primero en 3 horas (No quarto de Vanda) y después en 150 minutos (Juventude em marcha), David Lynch no hubiese alargado la pesadilla (Inland empire) hasta las tres horas, ni Sokurov hubiese seguido a los soldados rusos en afganistán (Spiritual voices) durante 5 horas. Y es que este documental, interesantísimo por otro lado, dura eso, 5 horitas del ala, para contarte lo que en dos hubiese dado el mismo resultado.

Jovencísimos soldados, aprendices del odio bajo la máscara de la seguridad, acampan en Tayikistán, esperando, siempre esperando, un ataque. Los miedos, inseguridades, y tensiones se respiran en los planos de una cámara atenta en todo momento. Una voz en off, leyendo una suerte de diario, en ocasiones demasiado lírico y pedante, una música clásica para dar ese toque arty, y unos planos eternos queriendo captar eso tan difícil que es el tiempo.

No es un documental fallido, no me atrevería a decirlo, pero no es la oda pacifista que esperaba Sokurov. Y es que abrirse paso a través de un documental que arranca con un plano fijo de ¡media hora! No es fácil. La pretensión artística campa a sus anchas a lo largo de los baratos y digitales 300 y pico minutos. En ocasiones fascinante, a menudo aburrido y reiterativo, el documental es una rareza de un cineasta sublime la mayoría de las veces. Personalmente prefiero Alexandra, una pieza que tiene mucho en común con éste Escorial. Me da pavor pensar cuánto hubiese tardado en rodarlo Kubrick…