Tiro En La Cabeza (Jaime Rosales, 2008)
El cine es un arte camaleónico y puede (sabe, a veces) adoptar el color necesario para adaptarse al medio. Unas veces se muestra señorial y lujoso (Visconti, Lean, Vidor), a veces es mugriento y pobre (Costa, Ripstein), algunas veces nos divierte sin fin (Wilder, Allen, Edwards) o nos acongoja sin opción (Leigh, Von Trier). A veces el lenguaje ha ido unido, y muy bien por cierto, al fondo. Otras veces no ha sido así.
La tercera película de Jaime Rosales, ya más conocido después de los merecidísimos goyas por su sobresaliente “La soledad“, vuelve a tratar un tema que va siendo marca de la casa: la violencia irrumpiendo en la vida cotidiana. Esta vez la vida cotidiana es más cotidiana que nunca, a pesar de relatar el día a día de un etarra.
Acabas de morir, pero aún no vas a ir al cielo. Tienes una semana para elegir cual es el recuerdo más querido de tu vida. Nuestro equipo se pondrá manos a la obra y rodará una película de ese momento, cuando la hayas visto irás a un lugar donde permanecerás toda la eternidad con ese recuerdo. ¿Hay algo que recuerdes con especial cariño?.
El cine (que no es más que un plástico atravesado por una luz, en palabras de Jaime Rosales) puede ser muchas cosas. Entretenimiento, narración, ensayo, crítica, política, arte… Por su naturaleza audiovisual se ha llevado la tajada la parte más comercial y de disfrute, no está mal. El problema viene cuando se niegan “otros cines” a los ojos de la mayoría. Muchos podrán pasar sin esas obras, pero muchos (de nosotros) no.
Cuando eres un fan de alguien pueden pasar dos cosas: una, que seas incondicional y, fundamentalistamente apoyes y alabes todo lo que hace y dice o dos, que llegue un punto que conozcas tanto su obra (en el caso de ser un artista) que mires con lupa cada nuevo movimiento. Yo soy mal fan. Soy excesivamente crítico con la gente que admiro, por eso hablo mal de los últimos discos de Mike Oldfield o Aute, ridiculizo las últimas pelis de Medem, Aranoa o Loach me parecen unos petardos, Saramago me parece reiterativo….
Lo que no se le puede reprochar a Bunbury es su acertada manera de enfocar cada uno de sus trabajos, dotándolos de una estética, y un leit motiv que tiñe (disfraza) desde los arreglos musicales hasta las fotos del cd, vestimenta y posterior gira de presentación.