Cine De Los 80. Primera Parte

Mis recuerdos de las primeras películas que vi en cine o en VHS son, claro, de los años 80. Era entonces, cuando me encaprichaba con lo que veía. Si veía una del oeste en la tele, acto seguido mis primos y yo nos convertíamos en cowboys que hablaban en castellano, que veíamos una de artes marciales, pues nos cascábamos en el parque mientras nuestros padres tomaban café, que veíamos una de Indiana Jones, pues lo mismo.

No sabría decir qué película fue la primera. Siempre me ha sorprendido cuando un cineasta viejísimo ha recordado en unas memorias la primera peli que vio hace casi 100 años. Recuerdo que mi tio trabajaba (trabaja) en unos grandes almacenes donde también vendían películas en BETA y VHS, y nos pasaba unas cuantas a la semana, a escondidas, recuerdo la trilogía de las galaxias, D.A.R.Y.L, Exploradores, una de un maestro de escapismo… Pero lo bueno es cuando nos dejaban ir al cine a mis primos y a mí a ver algo por nuestra cuenta; Colmillo Blanco, Bajo La Aurora Boreal, alguna de Robocop o La Jungla De Cristal

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A Propósito De Los Goya (Y De Mi Soledad)

Jaime Rosales con un GoyaOdio los Goya. No solo la parafernalia, los insoportables guiones del presentador graciosillo de turno, lo largo de la ceremonia, lo típicamente americano a lo olé y, por lo general, el producto a premiar, casi nunca a la altura, en mi opinión (humilde en lo que el blog lo permite). Adoro el cine, y por eso no perdono que hagan estos saraos infumables donde jamás se habla de cine ¿no es curioso?

Quizás por eso nunca veo la ceremonia. Aunque algo dentro de mí me hace poner la radio al día siguiente, o leer el periódico para ver al “agraciado”. Y el lunes me llevé la mayor sorpresa de lo que llevamos de año (bueno la segunda mayor sorpresa del año, aunque eso es otra historia), y es que la ganadora no era la favorita y decididamente mala película El orfanato, sino la marginada y decididamente mejor película del cine español de los últimos 10 años La soledad. Pocas veces me he puesto tan radicalmente pesado con una peli, pero la de Jaime Rosales es una caricia para los sentidos. Desde aquí mi sentida felicitación a Jaime y a toda la gente que ha tenido que ver con éste prodigio.

La sorpresa puede traer consigo un nuevo rumbo para el cine español, esperemos que así sea, o que al menos siga habiendo films como el premiado. Yo, de mientras, gozando de mi soledad bloguera, antisaraos seguiré opinando, humildemente, sobre lo que nadie me ha preguntado.

Histoire(s) Du Cinema. El Espectador Normal

El cineasta Jean Luc GodardDesde hace unos años el cineasta Jean Luc Godard está empeñado en que nos traguemos sus pajas mentales y que veamos lo culto que es. Películas-ladrillo como ese horror llamado Nuestra música, donde dejaba bien claro la egolatría sin freno del francés. Ya en los sesenta-setenta nos aburría con sus diatribas sobre el comunismo y el proletariado.

Preocupado siempre por la sociedad, más que por el cine quizás, sus filmes adolecen a menudo de un exceso de discurso, y esta serie documental viene a ser la cota más alta de la pedantería, la vacuidad, el egocentrismo y la megalomanía. Y es que éstas historias, que más que de cine se podrían llamar para no dormir, aparte de confusas, son insoportables. Nadie es capaz de asimilar la tortura audiovisual de Godard sin volverse loco. Las imágenes nunca son claras, siempre se multiplican los efectos, los créditos con cientos de significados, las bandas sonoras en off, las recreaciones sinsorgas, ese aire de superioridad que destila todo el metraje, y el molesto sonido de las teclas conforman el personalísimo homenaje de Godard al séptimo arte. Una experiencia inolvidable, sin duda, pero por el dolor de cabeza de levanta.

Histoire(s) Du Cinema. El Cinéfilo

Caratula del pack de Histoire(s) du cinemaGrata sorpresa la edición en dvd (pack de 4) de Cameo, de la(s) historia(s) del cine de Godard. Las imágenes apabullantes nos hablan de cine, de arte, pero sobretodo de vida, y la impresionante cultura de Jean Luc nos atrapa, seduce y forma a lo largo de sus 5 horas más o menos.

Cualquier cineasta hubiese hecho una historia del cine de forma cronológica, más o menos fetichista, más o menos convencional, pero el enfant terrible de la nouvelle vague no se conforma con hablar de su pasión, tiene que crear en el camino y nos muestra este maná de orgiásticas burbujas, éste licor de embriagador barroquismo, ésta obra magna, casi más grande que la propia historia del cine.

Difícil de ver, imposible de olvidar, ésta miniserie, rara a rabiar, está entre lo más innovador y genial que se haya rodado, grabado, montado jamás. Y es Godard el culpable, y nosotros se lo agradecemos. Las imágenes se desdibujan, aparecen créditos por doquier, juegos de palabras…. y todo ello para mostrar ese juego que para su autor es vital. Y para los amantes del (otro(s)) cine(s) fundamental.

Cine de entretenimiento vs. cine de contenido

Unas gafas de pasta rotas

A lo largo de mi vida consciente he buscado, no siempre encontrando, la manera de satisfacerme en aquello que me llamaba en ese momento. Adoro la música y tengo en casa una guitarra polvorienta que hago que toco cuando me creo Johnny Cash, me apasiona la literatura me hice con un ordenador que uso cuando quiero ser Baroja. El cine es una de las pasiones que más practicaba, por eso en su momento me compraron una cámara de video, predigital, que torpemente manoseaba cuando creía emular a Erice o Buñuel.

Hoy, cuando ya es casi constatado que no seré músico, sino melómano, que no llegaré a ser escritor, sino lector y que el cine lo veré en las salas y no en una mesa de edición me planteo qué hacer con mi vida. Gran dilema. Bueno, pues solo queda vivir, claro. Sin ponerme trascendental, diré que para lo corta que es la vida lo suyo es exprimirla, por eso no me arrepiento de la guitarra, ni del ordenador, ni de la cámara predigital (hoy digital gracias a la generosidad de mis amigos).

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