También Los Enanos Empezaron Pequeños (Werner Herzog, 1970)
Un título raro para un film rarísimo. Un correccional en el que solo hay enanos estalla en una revuelta anárquica contra una especie de tirano que les tiene encerrados. El tirano en cuestión (enano también aunque más cerca de la sociedad que los recluye) se ha encerrado con uno de los jefes de la revolución como único rehén. Afuera estallan las carcajadas y una actitud dura, salvaje quizás, con unas actuaciones exageradas, violentas. Una revuelta social en un microcosmos viciado, a pesar de estar en pleno campo.
El film arranca con una jota en castellano, de voz chirriante, en consonancia con las voces de sus actores y actrices (ninguno profesional), para seguir con una muestra de atrocidades que dejan al espectador atónito, golpeado y tremendamente desconcertado.
El que fuera campeón mundial de salto de ski, Steiner, en uno de sus vuelos a cámara lenta con la música hipnótica de Popol Vuh como comienzo de un documental con semejante título es una apuesta arriesgada, pero así es toda la obra de Herzog, una vuelta de tuerca, un intento de mirar desde otro ángulo y contar lo que ve de nuevo. Lo que puede parecer una premisa pobre para un documental, las pruebas y posterior prueba de salto de ski, se convierte en una muestra de lo que el aparato cinematográfico puede hacer si lo usan manos expertas.
El escritor y filósofo Henry David Thoreau quiso experimentar la vida salvaje y quiso probar que se puede vivir con lo justo yéndose a los bosques que flanquean el lago Walden donde fabricó con sus propias manos una cabaña donde estuvo dos años y varios meses. Vivió de su trabajo, alejado de todo tipo de lujo y sobrevivió, dando una lección de humanidad e insolente humildad.