La Ronda De Noche (Peter Greenaway, 2008)
Mi relación con el cine de Peter Greenaway es de amor-pasión-odio-rechazo. Me explicaré. Creo que él entiende el cine como se tiene que entender, como arte, como medio infalible para seducir, contar, convencer, fascinar….
Proveniente de otras disciplinas artísticas (pintura, escultura, teatro, fotografía) utiliza el cine como arte globalizador de todas ellas. No quiere ello decir que sea el cine especialmente querido por el inglés, estoy seguro que de encontrar un medio más afín a sus propósitos, no dudaría en abandonarlo a su suerte.
Y es que a pesar de llevar más de treinta años en esto del celuloide aún no ha engrosado la lista de cineastas clásicos, quizás por sus riesgos formales, por su visión radical, por remar contracorriente, por ser “tan así“.
Una visita, netamente horizontal, de izquierda a derecha, una lluvia en la noche, unos perros, un niño que canta, la cocina, la labor, una oscuridad plástica, como de cuadro de Bacon. Y los comensales. El cine de Greenaway se muestra como una caja repleta de cajitas sorpresa, y siempre sorprende a pesar de jugar con ingredientes comunes. Sus películas destilan sexo y carnalidad, elementos afeados, embrutecidos, como el color negro (que extraño resulta comer algo de color negro). La arquitectura de sus planos, la metodología de los movimientos de cámara, ese vals crepuscular, exasperante por su repetición, su eterno retorno (cine muy Nietzscheano el del británico) son señas que no faltan en el festín, que esta vez se antoja indigesto como ese otro film “La gran comilona” del gran Marco Ferreri. Experiencia única, como un plato combinado con postre de hígados, la sangre se huele, se saborea, como la carne en los servicios del restaurante, donde se practica un coito sucio y adúltero, en un fresco de la condición (in)humana muy del gusto de Greenaway. El horror está servido en bandeja de plata. Que aproveche.
En este caso queda clara la pasión del cineasta por la pintura, los mapas y los detalles desmesurados. Un paseo a través de H. Detrás de éste extraño título se esconde una suerte de diario de un ornitólogo donde se nos narra, de nuevo, con extremo detalle, un viaje hecho a través de treinta y pico mapas.
Bajo la absurda e incluso graciosa narración que se nos presenta en este cortometraje hay un trasfondo, quién nos lo diría, político, de denuncia.
Elegante, pesado, excesivo, maniático, pedante, genial, flemático, prepotente, visionario, loco, independiente, único, absurdo, trágico, teatrero, distante, frío, erótico, intelectual, insoportable. 