Los Abrazos Rotos (Pedro Almodovar, 2009)
El cine tiene que (debe) ser muchas cosas, entretenimiento, reflexión, fascinación, mirada. Cuando una película contiene de forma plausible todos esos elementos se dice que es una buena película, cuando falla en alguno, pero se sostiene en las principales también se considera una buena película o pasable. Cuando falla en todas es nefasta.
El cine de Almodovar entretiene, reflexiona, a muchos nos fascina, y no dejamos de ver la personalísima mirada de su autor. Eso no exime de tener alguna que otra peli fallida en su filmografía, pero por lo general nos regala cine inolvidable. Muchos odian su cine, es lo que ocurre cuando se es tan personal, y otros lo adoran. La cantidad de premios y anuncios de cada una de sus películas es cierto que hacen de cada estreno un acontecimiento, a veces, cansino, pero es algo que se olvida en el primer segundo de función.
Tantas son las frentes marchitas que algunas se olvidaron que debían regresar, volver para revolver, o desenvolver lo establecido, lo oculto por el bien de todos.
En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un cineasta de los de dardo en astillero, cabello blanco y bardo roedor.
