Los Abrazos Rotos (Pedro Almodovar, 2009)

Imagen promocional de la película Los Abrazos Rotos de Pedro AlmodovarEl cine tiene que (debe) ser muchas cosas, entretenimiento, reflexión, fascinación, mirada. Cuando una película contiene de forma plausible todos esos elementos se dice que es una buena película, cuando falla en alguno, pero se sostiene en las principales también se considera una buena película o pasable. Cuando falla en todas es nefasta.

El cine de Almodovar entretiene, reflexiona, a muchos nos fascina, y no dejamos de ver la personalísima mirada de su autor. Eso no exime de tener alguna que otra peli fallida en su filmografía, pero por lo general nos regala cine inolvidable. Muchos odian su cine, es lo que ocurre cuando se es tan personal, y otros lo adoran. La cantidad de premios y anuncios de cada una de sus películas es cierto que hacen de cada estreno un acontecimiento, a veces, cansino, pero es algo que se olvida en el primer segundo de función.

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Ciclo. PedroAlmodovar. Volver (2006)

Cartel de la pelicula Volver de Pedro AlmodovarTantas son las frentes marchitas que algunas se olvidaron que debían regresar, volver para revolver, o desenvolver lo establecido, lo oculto por el bien de todos.

Pulcras quedan las lápidas en los cementerios a pesar del viento solano, manchegas y arrugadas las manos que lustran sus más empolvados recuerdos, sus querencias o miedos ya muertos, aunque vivos de alguna manera.
Historias son las que se cuentan, boca oreja, de apariciones y cuentas que saldar y pacientes y sufridoras las mujeres que ven pasar la vida frente a ellas, a paso eternamente veloz.

Velados son los cuerpos sin vida de los últimos pétalos de la flor, de un pueblo que clama por su razón de existir, por su necesidad de perdurar, aunque solo sea en la memoria de una que otra hija en la capital.

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Ciclo. PedroAlmodovar

Pedro AlmodovarEn un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un cineasta de los de dardo en astillero, cabello blanco y bardo roedor.

Caso único era el de éste caballero que, viniendo de la cocina de leña y chismorreo de patio, logró surcar la alfombra del glamour más hortera (léase “chic”). Quiso el destino que se forjara como oficial contador de primera y que sus narraciones (ora en papel ora en celuloide) llegasen a las estrellas.

Nadie imaginaría ni en sueños que aquel chaval, enmadrado, llegara a ser universal siendo tan local, tan casero.
Este loco soñador de paisajes tuvo a bien de protagonizar una ruidosa corriente de hedonismo cultural allá por los lejanos 80, época de bardos modernos y bufones sin corte (ni confección clara). Afiló entonces sus escupitajos al establishment (anglosajonización que designa cualquier dictadura) y quiso luchar contra los molinos de lo politicamente correcto, redondeando cada vez más su pluma. Ahora la escritura es clara, concisa y única.

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