Ciclo. Peliculas Para No Dormir. La Culpa (Narciso Ibáñez Serrador, 2006)
Vuelve Chicho trás muchos años sin dirigir ficción con esta historia para no dormir, donde todos los elementos son muy típicos en su corta pero importante filmografía.
Trás el terror explícito e impactante de las primeras historias (La habitación del niño y Para entrar a vivir), La culpa se erige como una clásica historia de terror psicológico, dandole a la serie una naturaleza ecléctica encomiable. Quizás no produzca miedo a los adoradores del género, pero no defraudará a los fans del autor.
La historia cuenta el trance de la ayudante de una doctora que practica abortos, clandestinamente en la España de los años 60. Cuando es la propia ayudante la que tiene que abortar empezarán a ocurrir extraños sucesos, algo que añadirá tensión a la tremenda culpa que siente la joven por haber interrumpido la vida de su pequeño.
Hoy en día todos corremos, no miramos a los lados, la producción, el ocio, el desinterés social, el cultivo del hedonismo y la egolatría máxima, en detrimento de los valores, en baja. El amor al prójimo se ha convertido en un artículo de lujo, un artículo inalcanzable por pretencioso y soez. ¿Para qué voy a ayudar a otro? ¿Qué me va a aportar?
Toda historia tiene su trampa, y toda trampa su víctima. El pobre trapero busca entre la basura para llevar a la familia todo lo mejor, para poder vivir con la cabeza alta. Su bondad le impide discutir con su soberbio hijo, borracho y enfermo, exaltado primogénito de cerval odio a lo que representa su padre.
Todo el mundo mata a los niños. Son las mayores víctimas en los conflictos bélicos, en la violencia doméstica, en las hambrunas y desgracias naturales, son los que más sufren, esos locos bajitos que con su insolente libertad de acción y pensamiento más débiles se muestran a un mundo que empieza a verlos crecer. En los créditos del film de Chicho se cuentan desastres bélicos mientras que vemos fotogramas horribles de niños muertos en guerras. Lo que nos quiere decir es que todos podemos matar a un niño.
Hace treinta y dos años el gran Narciso Ibáñez Serrador rodó una historia que, vista hoy, tiene una extraña vigencia. Era una de aquellas Historias para no dormir, donde trabajaba con su padre Narciso Ibáñez Menta, uno de nuestros mejores actores.