Ciclo. Ingmar Bergman. Fresas Salvajes (1957)
Una de las peliculas más célebres e imitadas del maestro fueron estas Fresas salvajes de finales de los cincuenta. Otra excusa para verter recuerdos y fantasmas de juventud. La entrega del título Honoris Causa al profesor Isak Borg y el viaje que prepara para acudir al evento con su nuera son el McGuffin a un ensayo genial sobre la vida, sus triunfos y derrotas, uno de los guiones más logrados del casi siempre genial Bergman. Prueba de su capacidad para el misterio, yo siempre he creído que es el mejor director de terror, es la secuencia del sueño del profesor. A ver qué os parece.
Es peligroso asomarse a las razones del asesino, sobre todo cuando se puede caer en la adhesión, en la comprensión de una mente torturada desde fuera hacia dentro. Y es que Bergman no nos presenta a un monstruo, sino a una persona típicamente bergmaniana, con sus problemas conyugales, sus dudas existenciales, sus miedos, solo que Peter va más allá, después de una falsa tentativa de suicidio comete lo que tanto se le había pasado por la mente; asesinar, no a su mujer sino a una prostituta que se llama igual que ella, y con un cierto parecido. Y es, nada más empezar la película cuando el estrangulador se convierte en víctima en el mismo acto del crimen, víctima de su acción, es como si se estuviese estrangulando asímismo. Luego el bisturí de Bergman va diseccionando poco a poco el entorno en el que se movía el asesino-víctima, los cuernos que le ponía su mujer con su propio psiquiatra, los amores escondidos de un homosexual amigo de la pareja, la sordidez de los prostíbulos, las cuerdas que mueven a todas estas marionetas que van cumpliendo su función dramática ante la cámara. Una vez acabada la obra (el film) queda la pregunta; ¿Hubiese hecho yo igual que Peter? ¿Por qué no me parece un monstruo? Y, claro, eso es peligroso o, por lo menos, polémico.






