Ponyo En El Acantilado (Hayao Miyazaki, 2008)
El cine de Hayao Miyazaki posee algo que muchos cineastas buscan, muchos de ellos sin conseguirlo jamás; un lenguaje propio, basado en una poética de apabullante imaginación, sin caer en los excesos del cine de fantasía. Sus historias, casi siempre protagonizadas por niños que no se extrañan por las maravillas de lo desconocido, que nunca retroceden ante la aventura como único sentido a sus vidas, se desarrollan como en cascada, explotando infinitos mundos en uno para desembocar en los sentidos, en la persona.
Tremendamente humanista, su cine como el de Ozu explora los vericuetos que se esconden en sus protagonistas, en todo eso que se agazapa bajo la piel y firma películas asombrosamente bellas y dotadas de una sensibilidad que sobrecoge al más pintado.
En más de una ocasión he dejado constancia en este blog de
Inversa Cenicienta que luchas contra tus miedos, consigues sobrepasar al héroe del castillo huidizo, con tu venerable sonrisa, con tu amor incondicional y adolescente.
Al otro lado siempre está lo imprevisto, lo que se oculta por miedo a la cotidianidad. Ellas saben que existe Totoro, saben de los cuentos y viven con naturalidad su fantasía.
Maestro Miyazaki,
