Ditirambo Vela Por Nosotros (Gonzalo Suárez, 1966)
En un mundo desolado, en una ciudad de locos, lobo entre los lobos, Ditirambo vela por nosotros. Así empieza la primera obra de ese genio tranquilo que es Gonzalo Suárez. ¿Quién es Ditirambo? ¿Por qué vela por nosotros? ¿Por qué siempre dice la verdad? Considerada como la primera obra moderna, de cine independiente, experimental etcétera del cine español, el cortometraje de poco más de veinte minutos nos muestra el fino humor surrealista de su autor, una huella imborrable de nuestra cultura.
Deudor de cierta nouvelle vague, de una estética avanzada a su época, con una sucesión de escenas impactantes y chocantes, como casi toda la obra posterior del asturiano. Fuente inagotable para futuros cineastas, las aventuras de éste extraño personaje que nunca sonríe y siempre dice la verdad, caminan entre lo cotidiano y lo más delirante.
Y hoy, 42 años después, demostrando que sigue joven, es incluído por primera vez en DVD junto al largometraje Ditirambo en un pack exclusivo de dos discos que la cadena Fnac presenta en su colección exclusiva 24 x segundo. Esperemos que sigan regalándonos (previo pago, claro) tan buen cine subterráneo.
El cine de Gonzalo Suárez está hecho de palabras, la literatura recorre cada plano, cada secuencia, cada instante.
El eterno retorno de lo inevitable, o lo buscado. Imaginemos que alguien sabe algo y dos mujeres van a su encuentro, que un envejecido Ditirambo narra la locura de una caja de zapatos agujereada a través de la cual se ve Aoom. Imaginemos secuencias casi paralelas, un pozo-trampa de arena, un paraguas que se queda enganchado en la rama de un árbol. Imaginemos a dos personas, uno joven, relojero, blanco, el otro mayor, enterrador, blanco, nuestru.
-¿Qué es la mirada? ¿Puede uno desligarse de la suya propia?
Es lo que se escucha cuando no se escucha nada, una eternidad enclaustrada en un mar de conchas, el reflejo miope de una habitación de espejos. Un pretérito deseo de dejar de ser uno y convertirse en una muñeca, notar la espuma de las olas al romperse en las fosas nasales. Viejas historias de marineros borrachos que nos traen esperanzas de poder tocar la trompeta en el sepulcro del actor. 