Ciclo. FrançoisTruffaut. ElPequeñoSalvaje (1969)
El punto de partida siempre es la enseñanza, o mejor dicho la costumbre, y eso el doctor Itard lo sabe perfectamente. Por eso bautiza a su nuevo pupilo como Victor, por el reconocimiento que el pequeño bosquimano tiene de la letra “o”. La designación es el origen de una cadena de pruebas de talante fundacional en la arcilla, por otra parte curtidísima, del pequeño. Pequeñas pruebas de memoria, reconocimiento y cálculo para arrancar esa diferencia y “normalizar” el carácter del niño-bestia. Pero cabe la duda de estar educándolo o contraformándolo, de obligarle a ir contra su natura, de refinar la rudeza de su carácter y seña de identidad, no será fácil, pero Victor dará una lección a las personas humanas no salvajes (¿o sí lo son?) Los días pasan y lo que en un día son aciertos y avances se tornan temores y huidas. Pero puede que un día, todo vuelva por sus fueros y de su educación quede un poso que pugne por salir, por abrir su huella científica. Entonces el triunfo será tanto del doctor Itard como del pequeño Victor de Aveyron.
La vida representada como un cúmulo de desaciertos, como un laberinto de penalidades, sin salida ni esperanza, un ensayo-error constante con la única seguridad que, al final, otro golpe se sumará a los restos. Da igual los sueños, se tornarán pesadillas, acaso han sido otra cosa en otro tiempo. Justo cuando se empieza a vivir, cuando se está fresco en todo, cuando se descubre poco a poco la vida, es entonces cuando los primeros golpes, los secos bofetones de la ignorancia de los mayores, las burlas y demás humillaciones, el colegio, las clases perdidas, los primeros cigarrillos, los pantalones cortos y las ansias largas, los films con rombos o petición de carnet a la entrada, el hurto de los afiches de tal o cual estrella, de Hollywood, siempre Hollywood. La inestabilidad de un núcleo familiar en proceso de descomposición, y qué hacemos con éste niño, la incomprensión de las ganas, la impaciencia del acné, la descatalogación de una vida, de una aspiración por formar, sea Doinel o sea quién sea. Y al final, como siempre, la única salida posible, la mar.
La fascinación de Truffaut por el cine de intriga en general, y de Hitchcock en particular queda patentada en este, su último film, de extraño título. Antes que nada dar solo dos nombres; Fanny Ardant y Jean Louis Trintignant. Solo con estos dos actorazos una película solo puede ser disfrutable, si el firmante, además, es el mismo de La noche americana o La mujer de al lado el film no puede ser más apetecible.
