A menudo por los fotogramas firmados de Cronenberg desfilan personajes atípicos, enfermos, tanto físicos como, sobre todo, psíquicos. Desde la mutación que produce una irrefrenable ninfomanía (Vinieron de dentro de…), la visceralidad del morbo que provoca lo audiovisual (Videodrome), la metamorfosis enfermiza de lo que era un ambicioso trabajo de investigación (La mosca), la carnalidad del vínculo de sangre (Inseparables), la incontrolable anarquía espacio-tiempo de las drogas y sus resacas (El almuerzo desnudo), la conexión entre el sexo y la muerte, con sus derivados en forma de cicatriz y prótesis (Crash) o el delirio de una mente torturada desde la infancia (Spider) entre otros, han sido los caminos, con muy pocas concesiones, por los que nos ha llevado el cineasta canadiense con una maliciosa sonrisa en el rostro.
Muchas veces se le ha acusado de ser muy explícito en las escenas gore y dejarse llevar por la vorágine del fantástico, desmereciendo su importante labor como cronista de unas historias malsanas, las del mal rollo, las que la industria da la espalda hasta que se pongan de moda y resulten rentables. A decir verdad varias han sido las intentonas de llevarle al cine hollywoodiense (se llegó a pensar en él para hacer Instinto básico 2…).
(more…)