Ciclo. Cine y Musica. Jazz, la historia (Ken Burns, 2000)
Aprovechando que estos días se está celebrando el trigésimo festival de jazz de Vitoria (al que estoy acudiendo y disfrutando) me parece oportuno hablar de una de las series documentales más completas y rigurosas sobre la historia de esta musica.
A lo largo de sus 12 capítulos de una hora de duración cada uno se hace un repaso extenso, que no árido, a los diveros tipos que han ido surgiendo en las diversas ciudades. Desde el ya prehistórico Gumbo y sus sintonías radiofónicas, la ley seca, los odios raciales, el gospel, al swing, bebop, pasando por Armstrong, las big bands de Duke Ellington, las grandes vocalistas (Ella Fitzgerald, Billie Hollyday, Bessie Smith), a los “monstruos” como Charlie Parker, Dizzie Gillespie, Count Basie, a las nuevas vertientes del free jazz y demás experimentaciones de la mano de gente como John Coltrane, o Miles Davis, los conciertos más importantes, los chascarrillos, anécdotas y demás jalonan esta maravilla visual y sonora.
Ramon Lluis Bande es uno de esos personajes raros que aparecen en determinada época en determinada escena cultural. Aparte de pelis escribe poemas e imprime su sello en ambos campos. En el cinematográfico su mayor aportación ha sido como director de videoclips, tomando como leit motiv el plano fijo.
Un Sol rojizo tiñe la tarde gaditana. Una playa tranquila cumple su protocolo de inmensidad. Alguna ola más atrevida alcanza la línea que separa la arena mojada de la seca. Huele a sal, y a pescaíto. A atún. Unos pies descalzos dibujan huellas inquietas, a pesar de la tranquilidad del paisaje. Esas huellas, esos pies descalzos son de una persona tranquila, aunque inquieta. Camina mirando (¿anhelando?) el horizonte, esa línea, esa frontera a la que no se llega jamás, de ahí su poesía. Sus amigos saben que está a punto de estrenar nuevo disco, y que ese disco se grabará en sus próximos conciertos en la sala Galileo Galilei. Aunque no lo saben, pueden intuir que ese disco será el mejor de su año, el más sensible, el más poético, el más ecléctico. El mejor. Por eso graban sus ensayos, los quehaceres diarios de su héroe, Javier Ruibal, y algún que otro testimonio acólito.
Franco fue hippy. Si no no se explica lo de las bases de Morón. Aquello fué una contraaduana de música americana, y de las saetas procesionarias a la psiquedélia californiana no medió ni una misa.
Predicamos con el ejemplo y por el desierto, vamos con la furgoneta de un lado para otro, con nuestros cacharros de ruido y pasión y nos vamos creyendo dioses de un olimpo, soñamos, minoritario.
