Ciclo. Akira Kurosawa. Los Hombres Que Caminan Sobre La Cola Del Tigre (1945)
Esta breve pelicula de la primera época de Kurosawa reproduce un capítulo de tensión que parece sacado de un teatro de marionetas japonés, una de esas historias feudales con gente de honor, con el bufón, el de toscos modales, el reposado que siempre sabe lo que se hace….
Un grupo de guerreros escoltan a un fugitivo, y lo hacen vestidos como sacerdotes errantes, por el camino encuentran a un hombrecito que se dedica a llevar mercancias en una gran caja a su espalda, pronto se les pegará y resultará ser un compañero pesado al que mandarán callar una y otra vez, hasta que les cuente que andan buscando a un grupo de guerreros que escoltan a un fugitivo, ésto les hará ponerse en guardia, antes de llegar a la frontera, donde pueden ser descubiertos, a no ser que su pericia les saque del paso. El resto del metraje será en dicha frontera y la tensión se irá acumulando a medida que se vaya incrementando las dudas de sus moradores, y una frase mal dada separará su libertad de la muerte. Quizás todo acabe bien y se emborrachen con sake, o quizás sean descubiertos y acaben todos muertos, solo depende de su maestría en la improvisación y el pillaje.
William Shakespeare fue japonés, y escribió dictado por las imágenes de Kurosawa, supo extraer la psicología de su maestro y regaló (y regó) las tristes macetas de la literatura inglesa. Muchos años después nació Akira Kurosawa, fue inglés y filmó dictado por los textos del japonés de Shakespeare, supo trasladar el horror del inconsciente y regaló (y regó con abundante agua) los tristes floreros de la cinematografía mundial. Toshiro Mifune puso el arma arrojadiza de su rostro, nunca se supo si fue japonés o inglés, solo quizás uno de los mejores actores de la Historia del cine, llena de historias como ésta, llena a su vez de disparates nacionales y disfunciones de personalidad. La historia ya la conocemos, un Macbeth calzonazos e impotente ante las malas artes de su lady, solo que esta vez el bosque se mueve de verdad y las flechas fatales nos alcanzan. Todos al fin y al cabo somos un poco Macbeth, todos al fin y al cabo somos japoneses e ingleses, y actuamos bajo algún dictado.
El gran jujitsu se basa en el conocimiento de la humanidad personal, no en la Humanidad total, esa que lucha contra nosotros porque no entiende que no somos guerreros, sino marciales en nuestra mente y en nuestras artes. No lo olvides, no siempre va a estar el palo en el fango esperando que redimas tus pecados a costa de tu terca obstinación a demostrar tus conocimientos, no, para ser maestro del gran jujitsu hay que ser gran persona y eso no se puede enseñar, eso se ha de ser, es parte de ese ADN de los elegidos, entonces será cuando se pueda esperar al enemigo sin miedo a perder, porque algo habrá hecho “click” en tu interior y sabrás que ha llegado el momento. El gran jujitsu no sabe de odios, solo sabe de justicias y a ella estas llamado a prestar servicio.
Complejo en su sencillez, genial en su cotidianidad, humanista propio y universal, historiador irrepetible y revisor fiel de grandes obras literarias, fundador de un lenguaje sobrio, intenso, mago y arquitecto de las imágenes, hábil en sus pinceladas de vida, en los retratos de seres vivos, atomizador de sentimientos y sentidos, escultor de formas y figuras, dictador de nuevas normas antidictadura, simple narrador de sucedidos y epopeyas, de guerras y paces, de amores y odios, de infiernos y cielos, demiurgo de lo tangible y lo que no se alcanza, filosofo de lo más grande y lo más pequeño, como sus escenas, cronista de una realidad ficcionada, maestro, discípulo, totalitario, genio, perfecto.
