Borat / Brüno (Larry Charles, 2006-2009)

Imagen promocional de la película BrunoHace tres años, un casi desconocido (al menos por aquí) actor británico saltó a la palestra por ser el protagonista de una de las películas más polémicas del momento; Borat. En ella, hacía de un periodista Kazajo que iba a EEUU para hacer un documental sobre el estilo de vida americano. En un momento del film (muy significativo, por cierto) habla con un experto sobre humor americano, y le explica lo que son los chistes-que no. Se trata de afirmar algo (por lo general equivocado) categóricamente para, después de una pausa, decir ¡que no! Entonces el interlocutor se da cuenta de la broma y se ríe.

El film ataca sin piedad muchos tabúes sin moraleja final. El actor empezaba a labrar una buena/mala reputación.

Ahora llega a las salas Brüno, una de las películas más salvajes de la cartelera, y no es gratuito decirlo, se trata de una visión descarnada de la convenciones no solo de America, sino del ser humano. Es tan brutal que molestará incluso hasta las mentes mal pensantes. Y seguramente tanto Sacha Baron Cohen (actor) como Larry Charles (director) sean tanto amados como desdeñados en todo tipo de ámbitos cool. Sus películas son machistas, racistas, antisemitas, aparte de bromear con la pederastia, las violaciones, las enfermedades de todo tipo (¿por qué mola el autismo? Porque es divertido), las guerras, los gays, las comunidades afroamericanas, el ejército, las reuniones de swingers (cambios de pareja y orgías)… Vamos, que Baron Cohen se siente muy a gusto en su papel de decapitador de títeres, ya que no queda nadie a salvo. Pero lo bueno es que se ríe, sobretodo, de sí mismo.

El problema de Brüno es que se trata de un hermano gemelo (y locaza) del otro film. Es impresionante lo calcado del guión y la resolución del mismo en ambas cintas. Pero el redoble debía ser aún mayor que hace tres años, por eso, esta locaza austríaca del mundo de la moda resulta ser mucho más irreverente que el periodista kazajo. El film contiene las escenas y los diálogos más salvajes que yo haya visto en una sala de centro comercial en mucho, (véase la, incómodamente larga, escena de sexo virtual entre Brüno y el fantasma de uno de los Mili Vanili). El humor se congela en ocasiones en que roza el límite de lo permisible (el niño negro al que factura en una caja llena de agujeros y que ha cambiado por un iPod, para ser como Brangelina o Madonna), para sorprender con una escena dramática que vuelve a desembocar en otra tropelía descerebrada. Y todo envuelto en un producto disfrazado de falso documental que no será tan bien recibido como muchos puedan pensar. Y es que no creo que sea un film comercial, al menos en el sentido de que pueda gustar a mucha gente (en la sala estábamos dos y, tras la mencionada escena de sexo virtual, la chica se fue de la sala).

Tanto Borat como Brüno son dos productos más que notables donde el humor, todo hay que decirlo, no funciona siempre. Filmes articulados a base de sketches con una leve trama absurda (en Borat era conocer America primero, y conocer a Pamela Anderson después, en Brüno ser famoso primero, y ser hetero después), se nota su origen televisivo.

Pero la gracia viene al final de ésta especie de díptico amoral, que no pienso destripar, donde Brüno, rodeado de celebridad parece decir al espantado espectador: ¡que no!

Entonces, más tranquilos nos vamos a casa sabiendo que todo es una broma…¿no?


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[...] A principios de los 70, donde a mi juicio firmó sus mayores tostones, se unió al grupo Dziga Vertov, grupúsculo donde hubiesen gozado desde León de Aranoa o Ken Loach, hasta Paco Ibáñez o Ismael Serrano. Rojeras (dicho con cariño) con cámaras en la mano. Uyyyy que miedo! El primer film, rodado por Godard antes de unirse al grupo, fue este film como los otros, pedante e irónico título ya que no he visto nada parecido durante hora y media. Imágenes de archivo con personas hablando siempre de espaldas (algunos de ellos estaban buscados por la policia), dando fiel (¿?) reflejo de una sociedad abrumada por la lucha de clases. Yo que cuando quiero soy el más rojo del reino, me aburrí sobremanera con este documental a contracorriente donde no es que no se hagan concesiones al espectador, es que no se piensa nada en él. Y Godard y los suyos dándose golpecitos en la espalda por ser los más intelectuales del lugar. 40 años después viene Sacha Baron Cohen para dejar claro que se puede criticar descarnadamente y divertir a la vez. ¿Es tan difícil? [...]



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