Play. Crash (DavidCronenberg, 1996) LosAccidentesBuscados

Cartel de crash David CronenbergLes invade un vacío existencial tal que necesitan fingir muertes, heridas y encuentros. Anhelan una muerte dramática, una excitante brecha a la cotidianidad gris de sus vidas. Pisan el acelerador y creen encontrarse en la curva, en la ortopedia y en la carne muerta. Les excita. Es su maquillaje diario, su droga, el sitio de su recreo. Ellos oyen la música del golpe de chapa, huelen la goma quemada, respiran su esperma mezclado con el humo del tubo de escape, la gasolina desparramada (el sudor del vehículo) que se une a la suya propia. No se ven enfermos (no lo son) y son los garajes las camas y sus columnas las sábanas. Buscan lo excitante y se excitan, creen quererse y solo se desean, piensan que lo controlan y son ellos los controlados. Surge la pasión y algo hace contacto, siguen una dirección no asistida y derrapan sus bocas y su sexo. Son fieles en su notable infidelidad, son amantes y amados y dentro de poco llegaremos a esa curva y la mediana no podrá retenernos.


Play. Crash (PaulHaggis, 2005) LosAccidentesEncontrados

Cartel de CrashLo inevitable se torna violencia, su zumbido de cristales quebrados estalla la irreprimible misantropía, su miedo innato, su golpe para defenderse. Las historias se suceden encadenadas, mezcladas en un magma de incomprensión racismo e intolerable incomunicación. Se oyen gritos, algunos son nuestros y nuestro afán por ser buenos ciudadanos acaba empañando nuestro miedo más profundo, a lo desconocido, a lo distinto. Porque no caemos que también nosotros somos distintos, y empuñamos armas pensando (creyendo) que los peligrosos son los otros. Cabe la esperanza, claro, siempre está ahí, riéndose porque seguimos temiéndola, porque seguimos sin saber si existe o no. Y a pesar de lo largo y ancho del planeta, los coches siguen colisionando unos con otros, como si buscaran, desesperadamente, el contacto, la cercanía, a pesar de no soportarse. Como si la diversidad de culturas en vez de enriquecedora fuese restando enteros hasta llegar a un punto elemental, básico, primario. Y cuando nos damos cuenta, por mucho que pisemos a fondo el freno, no pararemos a tiempo.

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Ciclo. FrançoisTruffaut. ElPequeñoSalvaje (1969)

Caratula de El Pequeño Salvaje de François TruffautEl punto de partida siempre es la enseñanza, o mejor dicho la costumbre, y eso el doctor Itard lo sabe perfectamente. Por eso bautiza a su nuevo pupilo como Victor, por el reconocimiento que el pequeño bosquimano tiene de la letra “o”. La designación es el origen de una cadena de pruebas de talante fundacional en la arcilla, por otra parte curtidísima, del pequeño. Pequeñas pruebas de memoria, reconocimiento y cálculo para arrancar esa diferencia y “normalizar” el carácter del niño-bestia. Pero cabe la duda de estar educándolo o contraformándolo, de obligarle a ir contra su natura, de refinar la rudeza de su carácter y seña de identidad, no será fácil, pero Victor dará una lección a las personas humanas no salvajes (¿o sí lo son?) Los días pasan y lo que en un día son aciertos y avances se tornan temores y huidas. Pero puede que un día, todo vuelva por sus fueros y de su educación quede un poso que pugne por salir, por abrir su huella científica. Entonces el triunfo será tanto del doctor Itard como del pequeño Victor de Aveyron.

Rewind. RelámpagoSobreAgua (WimWenders, 1980) RebeldeConCausa

Caratula de Relampago Sobre Agua de Win WendersLlega la muerte, y qué mejor manera de celebrarlo que crear algo en torno a ella. Nicholas Ray lo sabe, ha sido cineasta y comprende la inquietud del joven Wenders, aspirante a genio. El amigo americano y el amigo alemán se fusionan para analizar la situación limitada del primero, con las herramientas de ambos. No hay hueco para el dolor, o acaso no hay otra cosa en todo el documental. Hay una espontaneidad pactada, un extrañamiento de lo cotidiano o una normalización de las bambalinas. El que fuera uno de los mejores cineastas de la época dorada del cine va perdiendo la vida ante la cámara y no parece incomodarlo, al contrario, parece cómodo en la realización de algo tan real, aunque en Wenders las cosas no siempre son lo que aparentan y no llega a ser un film como tampoco un documental. Lo real es, precisamente, lo más ficticio, lo más artificioso, y precisamente son tantos los relámpagos que se reflejan en el agua, y en la cámara que extraña ver al equipo, al final, recordando a un recién fallecido rebelde con causa. Ya nada será lo mismo, porque la hora y media previa lo ha cambiado todo, se ha pasado del ser a la nada, de la obra a su recuerdo. Y Wenders sufre por haber creado esta obra de arte.

Rewind. PadrePadrone (PaoloYVittorioTaviani, 1977) LaVozDeSuAmo

Cartel de Padre PadroneUn hombre entra con una vara en la mano en un colegio de una antigua Cerdeña. Cree buscar lo mejor para su hijo y es entonces cuando le arranca de cualquier posibilidad de esperanza, de futuro, condenándole a una incultura atroz, a una educación violenta y autoritaria, a la sinrazón del poder en la pirámide paterno-filial. Y surge la rebelión, el no querer acatar los ataques, el buscar un por qué a tanto mutismo, el aprender a esperar el momento oportuno con la esperanza de que llegará en cualquier camión con dirección a Alemania, o al ejército.

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